
lo que ocurre es que a la sssiiita Marga y a mí nos pierde el talante socarrón y cáustico. Y, dime, Maite, ¿qué podemos hacer a nuestra edad, sino asumir con resignación lo que somos?. De ahí que en lugar de postrarnos y caer en el cataclismo, hayamos decidido usar la ironía.
En fin,

lamento haber echado a pique tu 'teoría del rompecorazones'. Y esto viene de lejos: desde la niñez tengo como una suerte de grima inexplicable hacia los donceles muy solicitados. En esto sí soy elitista.
Un besazo.