
¡ya tenemos todo embaladito y con un pié en 'Fooobre Diifabla'!

.
Lo de razonar, a menudo, causa tiricia. Ahora bien, cuando se trata de realizar una novela manoseada y vulgar, como 'María Emilia, Querida', ahí pensar es un derroche innecesario, mejor regodearse en la pequeñez.
El final precipitado confirma que el transcurso de esta historia ha ido del gris perla al marengo. Cómo valorar, por ejemplo, que el matrimonio de Hortensia se recomponga en un minuto sin un proceso de reflexión previo, de revisión de cuanto ha sucedido a lo largo de tantos años y de examen interno de cada uno. Es ahondar en la estulticia el que se dé golpes de pecho la Doña diciendo que el origen del problema estuvo en que 'no supe perdonarte tu primera infidelidad', sucedida, para colmo, a pocos días de la boda y que trajo consigo el nacimiento de una hija. Y Esteban, en medio de estos desatinos, se eleva como víctima: un padre frustrado por la venganza de la esposa, ¡acabáramos!

. La verdad que estoy deseando que se acabe la novela, cuanto antes mejor.
Un besazo y bienvenida, Irene.