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by E.O. Posted Jul 29, 2012 10:55 PM
Miserias
by E.O. (no login)
Imaginen a alguien que acepta el cargo de director de la revista DESTINO de Barcelona tras haber dejado ese cargo Néstor Luján al estar en desacuerdo con la nueva propiedad, Jordi Pujol, cuyo objetivo era cerrar la publicación, y que esa persona es nombrada porque ningún periodista quiere aceptar tal responsabilidad ya que al cerrarla toda la plantilla quedaría sin trabajo; esa persona es tachada de “esquirol” y cuando lo acaban cesando él no puede desarrollar actividad periodística alguna en Barcelona, por lo que se le envía a Andorra a crear un periódico llamado Poble Andorrà, fracasando y marchandose a los pocos meses, aunque la publicación continuaría.
Imaginen al mismo individuo, que jamás es detenido por la policía franquista pese a que según sus panegiristas biógrafos crea un entramado de resistencia y lucha carlista en la capital catalana por la que sí detienen a militantes, pero que ya en plena transición es nombrado Asesor del Delegado del Gobierno (UCD) en Catalunya, según anuncia La Vanguardia (23-12-80), cargo de adscripción y disciplina política concreta (incluía Medios de Comunicación Social) ajena y opuesta al Partido Carlista.
Imaginen a esa persona que previamente forma parte de la Secretaría Política de Carlos Hugo, junto a otros contratados (Rincón, Sabater, Romanillos, Carnicero), y que deja el partido, al igual que los demás asalariados de Carlos Hugo, creando una cosa denominada CEES para sustituir, y por consiguiente aniquilar el partido, aventura en la que, como en todo, también fracasó.
Imaginen a alguien que se quiere hacer pasar por carlista y que publica un libro titulado “La educación de Don Juan Carlos y otras crónicas de la transición” (Editorial Fundamentos, año 2000), con una portada reproduciendo un grabado de la obra de Pirala que representa a Carlos V pasando revista a sus tropas –¿intento de vincular al protagonista con el Carlismo?- y que resulta ser un texto laudatorio de Juan Carlos; e igualmente imaginen a un carlista haciendo voluntariamente -¿le obligaba la fuerza pública?- una bonita entrevista a Fraga, al Fraga de Montejurra 76, que es la incluida en igual volumen.
Imaginen al mismo, tan vinculado que dice estar con el Carlismo, que en una entrevista radiofónica concedida en 1998 como subdirector de la revista de Cruz Roja, manifestó “que nunca había sido carlista”.
Imaginen a tal personaje, tan leal y dedicado a la Historia del Carlismo, que junto con Romanillos decide que los fondos documentales propiedad del Partido Carlista sean entregados -al margen y en contra de la opinión del partido- al gobierno de Aznar en 2002, y ello sin hacer al menos una minima clasificación y selección de los mismos.
Imaginen a igual individuo, tan vinculado a los Parma como viejo empleado de los mismos y también –dice- que por amistad, con activa intervención en actos dinásticos y, por consiguiente monárquicos, haciendo esta declaración escrita que posiblemente retrata su honestidad política:
“…la Monarquía a la altura del nuevo siglo es una institución desfasada, desprestigiada y contraria a los aires democráticos que poco a poco se van imponiendo en nuestro tiempo. Es una antigualla, contraria a los Derechos Humanos y, quizá, a nuestro ordenamiento constitucional.” (pág. 233 del libro “Juan Carlos I”, Ediciones B-Grupo Zeta,, Barcelona, 2003)
Una despreciativa condena a la monarquía en general, sin distinción alguna, que mal se compagina con lealtades dinásticas, a no ser que considere a estas como servicio doméstico y a los carlistas como criados miembros del mismo con trabajo, no remunerado, a la Casa Real, Ducal o del Infantazgo, según proceda o interese.
Pues bien, ese individuo, permanente trotamundos de fatigas para ir tirando en la vida, al servicio del mejor postor -lo que retrata su honestidad política-, ha mostrado una vez mas su categoría humana aprovechando un obituario para intentar –pobre, en esta vida solo ha podido “intentar”- atacar mi honor. Yo no voy a nombrar a la fallecida persona objeto de tal recuerdo fúnebre, pero sé lo que opinaba y opinó durante décadas, y de las llamadas que tuve de él pocos meses antes de morir. Esa persona siempre había tenido servicio de casa, y sabía muy bien distinguir entre personas honorables y simples serviles.
Posiblemente el lector habrá adivinado al individuo a quien me refiero, y no solo por los diversos datos aportados, sino por las particulares conductas descritas, tan fuera éstas de la dignidad y la honestidad, al menos políticas. Siempre he pensado, y pensaré, que los ataques personales enaltecen según de quien vengan, pero en este caso no he tenido suerte, tan deleznable es la calidad individual y la trayectoria profesional y humana de quien los emite que ni se merece nombrarlo. Por otra parte, y para completar el cuadro del esputo a que me refiero, he de decir que nunca me han importado las rimbombayas; a él posiblemente sí, que tiene un “victor” del SEU concedido por Ortí Bordás (de similar personalidad a la suya, aunque con mayor rédito en la vida), además de toda la zarramalla parmesana, y de un titulo nobiliario del “rey de Chipre”.
¡Utilizar el recuerdo a una persona desaparecida para atacar a otra!, ¿puede haber mayor bajeza?. Pura miseria, y ya se sabe lo que es quien la práctica. Como en este caso sucede.
Por último me referiré al espacio utilizado por el interfecto para verter su inocua e inicua bilis. Se trata de una cosa impresa que paga determinada persona obsesionada por la titulitis de tarjeta de visita. Siempre tiene alguna con rimbombantes cargos y honores; recuerdo y conservo una de 1966 en la que aparece bajo su nombre: “Consejero del Movimiento”. Tal vez de ahí venga su entusiasmo por la derecha, sea cual sea esta, y por las apolilladas instituciones de “género chico”.
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