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YOLANDA MORENO La bailarina de VENEZUELA

October 12 2011 at 6:36 PM
reortaje especial  (no login)

 
Reportaje Especial
Álbum de fotos

La bailarina de
Venezuela

Tercera entre cuatro hermanos ­hija de un chofer de autobuses y un ama de casa­, Yolanda Moreno soñaba desde pequeña con ser artista. "No sabía si actriz, cantante o qué, pero artista", cuenta coqueta. A través de fotos inéditas, la fundadora de Danzas Venezuela recorre con Todo en Domingo una vida llena de swing


Magaly Rodríguez mrodriguez@el-nacional.com ­ Fotografías Cortesía Yolanda Moreno


Nadie sacude una falda como ella. "Pero antes de bailar, yo cantaba. Entré al Coro de Trabajadores del Ministerio del Trabajo cuando tenía 13 años. Estaban buscando muchachas de los barrios que tuvieran aptitudes para eso". Yolanda Moreno abre la gaveta de uno de los varios muebles que albergan todas sus fotos. "Yo nací en San Juan y vivía en El Guarataro. Al principio no me querían aceptar porque era muy chiquita, pero me dejaron como segunda voz... A mi mamá no le gustaba mucho porque quería que siguiera en la escuela. Estudié Comercio: mecanografía, taquigrafía, archivo". ¿Le quedó algo de aquello? "Ay, niña. ¡Qué me iba a quedar!", se ríe. "Yo estaba en el liceo nada más pensando en el ensayo, en cantar... Así era la vida mía. Una vida bella y alegre. Oía a la gente hablar de cosas de arte y poesía, y quería aprender". Con su entrada al coro, Moreno pasó a formar parte del Retablo de Maravillas, un teatro itinerante de la dirección de Cultura del Ministerio del Trabajo que cobijaba diversas agrupaciones de danza, canto y teatro.

Lo dirigía quien luego sería su esposo, el abogado, escritor y periodista Manuel Rodríguez Cárdenas.

¿Cómo pasó de cantar a bailar? "Todos comenzamos haciendo pasitos para ilustrar lo que cantábamos en el coro. Éste fue mi primer baile (1) con el Retablo, un joropo: `Por el camino’. Yo soy la de la flor blanca en el pelo. Qué horrorosa, no me sabía pintar ni peinar" se ríe. "Era muy chiquita y muy pobre; en el Retablo me acomodaron. Nos decían `da una vuelta’ y uno la daba, sin coreógrafo ni nada. Hacíamos comoque-hacíamos, porque aquí no había tradición de baile... Lo que había era ballet clásico y eso era muy selecto; yo no tenía cabida ahí, por supuesto. Así que cuando llegó Margarita Brenner, una austriaca maravillosa que fue nuestra primera maestra y nos hablaba de la danza y el teatro, aquello fue un descubrimiento tremendo. Una mallita, una falda; empezar las primeras clases, saltar... No eran clases de ballet propiamente, sino que hacíamos de todo y descalzas".

De Brenner asegura que aprendió la disciplina y el respeto por el escenario y los compañeros.

"Nos quería como una madre. Ya no hay maestros así. Si tenías un dolorcito de vientre y no ibas a la clase, ella se aparecía después en tu casa a preguntar por qué no habías ido, y decía que así te estuvieras muriendo tenías que salir a bailar. Yo lo aprendí y le enseñé eso a mis bailarines: que el público no tiene por qué saber que te sientes mal. A menos que te lleven en la urna, tienes que bailar".


La señora de Rodríguez. A los 18 años, Moreno se casó con Manuel Rodríguez Cárdenas.

Su matrimonio duró 40 años, hasta su viudez. "La gente me pregunta por las fotos de boda y no tengo. Yo quería, pero mi esposo era enemigo de las ceremonias de matrimonio; le parecía ridículísimo. Nos vestimos normal, fuimos a la iglesia de El Rosal y monseñor Heredia nos casó". ¿Qué le gustó de él? "Que me enseñaba de todo. Sentía que me levantaba y aprendía mucho... Él me ponía a leer obligada y después me interrogaba", sonríe.

Su marido era 25 años mayor que ella. ¿Su mamá no le dijo nada? "Claro. Pero ella se daba cuenta de que él me influenciaba para bien. Al tiempo tuve a Manuel ­mi primer hijo­ a los 19 y a Fernán a los 21 años (2) . Rodri murió en el 91, poquito después de esta foto (3) . Nos la tomaron en la boda de Fernán", dice con un dejo de tristeza. Cuando su padre murió, Yolanda tenía siete años. "Mi mamá nunca se quitó el luto. Yo tampoco me he quitado el mío".

Abre una caja con más recuerdos. Con su grupo bailaba de todo, desde flamenco y samba hasta danzas yemenitas. "Para cada cosa se investiga, porque tienes que saber qué estás bailando. Mira, ésta es "La negrita Marisol" (4) . Uno de esos éxitos inesperados que no te explicas. Conny Méndez fue a uno de nuestros ensayos, tocó un joropo caraqueño con una velocidad tremenda, y dijo `quiero que lo baile esta negrita’, que era yo", relata sonreída.

"Creo que le gustó que fuera muy reilona. Esa negrita pegó en todas partes; sacaron hasta muñecas de Marisol. Todas las niñas que nacían se llamaban así... Usaba lazos por todas partes y me ponían unos alambritos en el pelo para que los moñitos me quedaran parados. Cuando sonaban los primeros acordes, la gente se venía abajo aplaudiendo. Por años no lo pudimos sacar del programa (risas).

Todavía hay gente que me dice que por qué no lo bailo más.

¿Cómo se te ocurre, con esta cara de vieja que tengo?" Moreno guarda imágenes de innumerables viajes, montajes en grandes teatros de mundo, condecoraciones ­"ésta es la Orden del Libertador (5) , Gran Comendador, me parece. La que le dan a los presidentes. Creo que soy la única artista que la tiene"­, un programa de televisión con su nombre que pasó por Radio Caracas Televisión, VTV y Venevisión, tres películas y la creación de Danzas Venezuela, con las que se dedicó también a la docencia. "Yo siento que todavía no sé bailar.

Aún me falta mucho. Ya es un poquito tarde, pero trato de enseñarles a mis alumnos todo lo que puedo porque en unos años ellos son los que van a mantener viva mi persona".

Por lo bajo, mientras revuelve cajas y cajas de fotos tomadas por su esposo, dice inocentemente para sí misma: "Virgen de Coromoto, aquí hay de todo... Yo sí he hecho cosas".

Elige una imagen. "Mira, aquí estoy en el Guanaguanare (6) .Un montaje que revolucionó Caracas, porque se hizo en la Concha Acústica de Bello Monte y tenía tres escenografías que se cambiaban frente al público. Había una parte en la que `aparecía’ la Virgen de Coromoto y la gente se hincaba, lloraba... Una locura", recuerda. "Mira cómo bailaba yo, Dios mío... ¿Tú crees que yo subo ahora estos brazos así? Los codos nunca van quebrados, van redonditos. Si van arriba o aquí adelante, siempre en paréntesis", demuestra ejecutando un arco limpio.

"Estaba haciendo cosas que no sabía hacer todavía. A veces me llegan muchachos que están bailando joropo y ponen los pies como unas chapaletas.

Les digo: ¿mi amor, para qué haces eso?", acota con ternura y angustia a la vez. "Después me culpan a mí y dicen que soy yo la que ha hecho eso. Que yo soy la destructora del folklore", acota alzando una ceja para sus detractores. ¿Con quién aprendió ella a bailar joropo? "Con profesores, yendo al campo y bailando con gente que me agarraba y me enseñaba. Ahí empecé a agregar cosas que yo sabía y a inventar pasos que ahora ellos hacen".

Calcula que hace unos seis años no baila formalmente. "Es que no quiero fastidiar a la gente y que digan `¿hasta cuándo esa mujer baila?’ A las muchachas les gusta que practique con ellas porque sienten la fuerza con la que le doy. La gente no se imagina mi edad cuando me ve ensayando". ¿Cuántos años tiene? "75. ¿Te parece poco? A esta hora debería estar sentada viendo televisión, leyendo. Ahorita estoy preparando un libro sobre mi esposo, recopilando sus trabajos. No soy literata, pero no quiero que su memoria se muera". También sigue dando clases varias veces a la semana y planificando nuevos espectáculos. "He preparado ya no sé a cuántas generaciones en danza y continúo luchando.

Esto no es fácil, es muy complicado. Hay días en los que digo `no sigo más’. Pero aparece algo que te reconforta y vuelves a empezar".

 
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