Oración trigésima.-Imprecación a los enemigos. S.4.

by C.G.

 

¿Hasta cuando ultrajareis mi honor, amareis la falsedad y buscareis el engaño?.V.3. Abandonando al que es digno de ser amado sobre todas las cosas, porque es estabilidad y firmeza en la bondad, ponen su amor en los ídolos de este mundo. Es esta una reconvención que va dirigida directamente a los idólatras, a los paganos o incrédulos. Pero igualmente puede aplicársela a sí mismo, todo creyente que no es consecuente con su fe; pues en el pecado hay una especie de idolatría en la que se sustituye a Dios por el propio capricho: una ilusión de independencia, descrita ya en el libro del Génesis con una profundidad admirable: sereis como Dios. Lo que pasa es que tras esa estúpida ilusión del pecado, el hombre independizado de Dios se encuentra con la propia desnudez de su engañosa fatuidad. Sabedlo, el Señor hizo milagros en mi favor V.4. El argumento que da el salmista a los hombres apartados de Dios, es el hecho irrefutable de su propia experiencia: probad tambien vosotros y vereis lo maravilloso que es vivir según el plan de Dios. Es la apologética del ejemplo. Porque una fe vivida, una vida que es consecuente con la fe, es por sí misma una palabra más eficaz que un discurso. Esta es la apologética que usó Maria cuando cantó el Magníficat, casi con las mismas palabras del Salmo cuarto(Lc.1,49), y es la base fundamental de la apologética cristiana, que ha visto cumplidas de un modo excepcional las palabras del Salmo cuarto, en Cristo resucitado. Y este hecho maravilloso es la piedra fundamental de nuestra fe.



Escrito desde Feb 24, 2009, 8:03 PM

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