Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que llegó su hora para pasar de este mundo al Padre, como hubiese amado a los suyos que vivian en el mundo, los amó HASTA EL FIN. San Juan 13,1. La Eucaristía no es una cosa accidental en la vida cristiana, debe de ser en ella el centro hacia el cual todo converge y del que todo parte. La oración del que comulga debe de ser la súplica de Santo Tomás de Aquino:¡Haz que mi alma viva de tí!. Cristo viene a nosotros para transformarnos íntimamente. Él es la Verdad. Nada hay mas terrible que la Verdad, cuando entra en una vida. Es menester para acogerla sin resistencia, una valentía de león, porque nos despoja de un solo zarpazo. Con un solo gesto soberano, y nos fuerza a servir a Dios. Cristo viene a nosotros para transformarnos enteramente. Es amor. Y nada hay tan inexorable como un amor verdadero, esencial, al que no se puede engañar ni adormecer, y que se aferra al hombre como a una presa. Deja que entre ese amor dominante, celoso, fuerte como la muerte, y verás como trabaja ese obrero invencible, y verás lo que deja subsistir de tus mediocridades y egoismos, y lo que piensa de nuestras perezas. Cristo viene a nosotros para transformarnos completamente. El es el que debe venir- qui venturus est.-Y vendrá,-et omnes sancti cum eo, y nos pide que vivamos en la expectativa, no fijándonos nunca en lo efímero como en algo definitivo, sino deseando ir siempre adelante.Domine, quid me vis facere? ¿Señor, que quieres que haga?, H.A.,9,6.Colaborar con Cristo, mas y mas plenamente, siempre es posible, y ese es el fruto sabroso y apetecible que cada comunión debe hacer madurar.