Puesto que él dijo estas palabras a sus apóstoles poco antes de dejarles definitivamente, también podemos nosotros a pesar de nuestras miserias, tomarlas y procurar aplicárnoslas sin que parezca atrevimiento. Se consigue más del corazón humano no dudando de él y reconociendo su valer, que tratándole con menosprecio suspicaz, y demostrándole que es indigno e innoble. A menudo el único medio de hacer brotar la generosidad, es alabarla antes de que exista, y el hombre se siente a veces capaz de desempeñar un papel heróico por el mero hecho de que se le pida con confianza que lo acepte. Vosotros me habeis amado; en medio de mis fatigas y de mis disgustos y decepciones estas palabras extraordinarias podrán reanimarme y regocijarme si tuviese bastante fe para no dudar de ellas. Esta meditación no es fruto del orgullo, con tal que tengamos en cuenta que el amor es en nosotros consecuencia de la gracia y la sumisión a las iniciativas divinas. Si la caridad que nos une a Cristo es un don que viene de él, ¿como seré culpable afirmando que es de buena ley?. Sólo los herejes, que se tienen así mismo por el origen y principio de sus virtudes, apartan sus pensamientos de Dios, cuando contemplan lo que creen es solo obra suya. Pero nosotros sabemos que nada bueno hay en nosotros, si no es por la gracia, y que nuestras virtudes son victorias del Espíritu del Señor.- quia nullo fidelium absque tuo auxilio proveniunt quarumlibet incrementa virtutum. Sin tu auxilio ningún fiel experimenta el crecimiento de la menor virtud. Vos me amastis.- y entonces pueda responder. Así es, efectivamente.