Oración 67ª.- EN DONDE YO ME ENCUENTRO II

by C.G.

 

Hallar a Dios no es una ciencia vulgar, y sin embargo los caminos que conducen a él son numerosos, y los pies de los niños los han pisado ya ingenuamente, quizá mucho antes que nosotros. Lo que nos cuesta aceptar, es no patalear cuando se nos mete en una camilla, ni calificar a Dios de Dios altanero y lejano.Andamos vacilantes entre la rebeldía y el despecho, entre la debilidad y el orgullo, cuando podríamos encontrar quizás la claridad, si nos pudiéramos simplemente de rodillas ante nuestro único Redentor. Podríamos encontrar al Eterno, al despojarnos de nuestras resistencias. Ir a parar a Dios por lo tanto es posible, pero las condiciones están fijadas de antemano.Hay sacrificios, o más bien hay un sacrificio total absoluto, el único que puede permitirnos confluir con Dios. Es enteramente inútil, querer sustraerse a este sacrificio de despojo espiritual, de pobreza y de abnegación. Las exigencias de la vida piadosa son perentorias. Los mediocres las aprenderán a su costa. No existe otro término que Dios, todo concluye por llevarnos al Salvador, y cuando nuestra disposición está de acuerdo con la suya, ese último encuentro es la vida eterna; pero cuando nuestra voluntad culpable es contraria a la suya, ese encuentro termina en las tinieblas eternas. Todo nuestro ser anda en juego entre esta alternativa. Desde que la gracia divina nos ha puesto en nosotros la necesidad de ir a Dios, y ser apóstoles del Evangelio, nos resulta imposible perfeccionarnos, si no llegamos al término eterno y viviente, al Redentor, al Hijo del Hombre. LAUS DEO.



Escrito desde Jul 2, 2009, 6:24 PM

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