La muerte de Don Carlos

by El Correo Digital- Imanol Villa-

 
VIZCAYA
La muerte de Don Carlos
El fallecimiento del Pretendiente, el 18 de julio de 1909, supuso un duro golpe para el carlismo, además de provocar serias dudas sobre su futuro

12.07.09 - IMANOL VILLA| BILBAO


Conocido como el Pretendiente, protagonizó la segunda guerra carlista de 1872 a 1876 . / E. C. La enorme satisfacción que para los carlistas supuso la celebración de la gran fiesta en Guernica el 5 de julio de 1909 duró trece días. Todos los mensajes de unidad inquebrantable, de solidez ideológica y de liderazgo incuestionable se vieron afectados el 18 de julio, día en el que se comunicó el fallecimiento, a los 61 años, del pretendiente al trono de España, Don Carlos María de Borbón y Austria-Este.
El destino se encargaba así, de una manera cruel, de poner en entredicho el fervor que el carlismo vizcaíno había destilado en Guernica. El deseo de los carlistas de responder «¡Aquí estamos!» ante el mítico «¡Volveré!» de su jefe se había convertido en un sentimiento de incertidumbre. ¿Qué iba a pasar a partir de ese momento? Nadie ocultaba sus sospechas sobre las posibles consecuencias que para el carlismo podía acarrear la muerte de Don Carlos. «Su fallecimiento entraña indudable importancia para la vida pública en España», señaló El Noticiero Bilbaíno, al que no se le escapaba el más que probable terremoto político. Por si esto fuera poco, el diario recordó la famosa promesa hecha por Don Carlos al abandonar España el 28 de febrero de 1876, con la célebre palabra «¡Volveré!» a la que añadió, con un toque de ironía nada desdeñable, el comentario «que la mano de Dios le ha impedido cumplir».
Obviamente, la reseña biográfica del finado se hizo de obligado cumplimiento para toda la prensa, tanto la bilbaína como la nacional. Don Carlos María de Borbón y Austria-Este había nacido en Laibach -la actual Liubliana, capital de Eslovenia- el 30 de marzo de 1848. Vivió con su tío, el duque Francisco V, en Módena, lugar en el que alcanzó el grado de capitán de artillería en 1860. Gracias a la renuncia que hizo su tío Carlos Luis de los derechos que se arrogaba como pretendiente al trono de España, Don Carlos tuvo vía libre para representar las aspiraciones carlistas. Para ello adoptó el nombre de Carlos VII. 1867 fue el año en el que, además de casarse con doña Margarita de Este, hija de la duquesa de Parma, Don Carlos se planteó seriamente la posibilidad de acceder al trono de España. Sin embargo, no fue hasta 1872 cuando encabezó la segunda sublevación carlista, en la que el País Vasco se convirtió en el principal teatro de operaciones.
Un retrato enlutado
Durante cuatro años, las tropas de Don Carlos intentaron hacerse fuertes en un territorio en el que, a pesar del apoyo recibido, no lograron tomar las ciudades importantes. Fracasaron de nuevo en Bilbao, su gran objetivo, y a lo más que llegaron fue a establecer una especie de capitalidad en Durango, centro de un frágil Estado carlista. De poco le sirvió jurar los fueros el 3 de julio de 1875 en Guernica, en una ceremonia en la que pretendió sellar una unidad permanente con los vascos, porque el 27 de febrero de 1876, derrotado, cruzó la frontera para no volver más. Tras huir de España se refugió en Venecia para, posteriormente, situar su residencia en Varesse, lugar en el que residió hasta que un «colapso cardiaco» acabó con su vida.
En Bilbao, la noticia fue recibida con tristeza. «En los Círculos de las calles de Jardines y Astarloa se izó la bandera a media asta y se cubrieron los balcones con colgaduras negras. También fue enlutado en ambos Círculos el retrato de Don Carlos», se informó desde las páginas de El Noticiero Bilbaíno. La basílica de Santiago fue el lugar elegido, el día 19, para celebrar una santa misa por el alma del también conocido como duque de Madrid. La Junta del partido carlista, reunida de urgencia, acordó que durante nueve días se celebrasen, en todas las iglesias parroquiales y conventos de la villa, misas por el alma de Don Carlos. Se nombró una comisión, formada por los diputados provinciales, señores Ampuero y Lezama Leguizamón, el primer teniente alcalde, señor Acebal y el delegado señorial, señor Iturrino, para que asistiera a los funerales que habrían de celebrarse en Varesse.
Pero si algo interesaba de verdad a los lectores, eso era, precisamente, el futuro que le esperaba al carlismo. Según las fuentes consultadas en Bilbao, todos los carlistas estaban seguros de que la causa que defendían iba a estar representada por el hijo y heredero político de Don Carlos, Don Jaime. En la misma línea se pronunciaban el resto de las Juntas carlistas de España. Según el diario El Correo Español, no cabía la menor duda sobre la designación de Don Jaime como nuevo líder y recordaba que dicho nombre evocaba la figura del rey Jaime el Conquistador.
Abolición foral
El 21 de julio, un día antes de los solemnes funerales, parte de la prensa bilbaína se encargó de recordar un aniversario muy ligado a la figura del Pretendiente. Tal día como ese, pero de 1876, se había aprobado el decreto abolitorio de los fueros. Evidentemente, el respeto hizo que no se ligase el recuerdo de la abolición foral con la muerte del líder carlista, pero, a buen seguro, más de uno relacionó la lamentable pérdida de los fueros con el desafío bélico protagonizado por los carlistas.
Los funerales por Don Carlos se celebraron en la iglesia de San Casiano, en Varesse. Al acto asistieron personalidades de la vida pública francesa, española e italiana. El día 23, el cadáver fue trasladado para su entierro a Trieste. Ese mismo día se hizo público el testamento político de Don Carlos, que él mismo había redactado en Venecia en 1897. En él, además de felicitarse por haber mantenido en alto sus ideas, sostenía intacto su programa: «Gibraltar español y Unión con Portugal bajo la corona española. Marruecos para España». También designó como sucesor a su hijo Don Jaime, al que recomendaba que guardara enteros todos sus derechos tanto para España como para Francia. Todo quedaba claro. Las dudas se habían despejado. El carlismo tenía un nuevo líder: Don Jaime. Con él, y durante un tiempo, los carlistas se hicieron jaimistas.




Escrito desde Jul 14, 2009, 3:40 AM

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