Señor, tú habrias podido salvar al mundo solamente por tu gracia, y habrias obtenido mucho mas pronto un resultado definitivo; pero en ese resultado nosotros no hubiésemos tenido parte alguna. Se nos hubiese entregado, como un hermoso regalo muy ajeno a nosotros. El mundo salvado por tu sola gracia, no se habría mezclado en nuestras experiencias. Quizás se hubiera disfrutado de ello, pero no lo hubiéramos realizado nosotros. Por eso tu obra de salvación, en vez de hacerla tu solo, la has puesto también en nuestras manos. Tú eres el manantial único de toda gracia, pero sin nuestra voluntad, tu has determinado no llevarla adelante. Has querido que la salvación del mundo fuera también tarea peculiar nuestra. Y para mostrar bien que la obra es trágica, has pedido socorro. Si lo comprendiese bien, cambiaría el ritmo de mi vida, todas mis pequeñeces se desvanecerían, sentiría que se apoderaba de mí una inmensa capacidad de abnegación y sacrificio. Yo puedo ser útil a Dios, puesto que su obra sin mí, sería incompleta. Y es que Cristo nunca se ha desinteresado de los hombres, para los que hoy estaría aún dispuesto a hacerse conducir de nuevo ante Pilatos. Nunca ha pedido que sus devotos dejen de ser apóstoles, para dedicarse a cantarle melodías, por que la melodía que mas le gusta, es la de la concordia de todas las almas en la caridad, es la de la creación que vuelve a encontrar la voz de la inocencia, librada de todas las potestades de la muerte, por que el amor es fuerte como esta. Fortis ut mors delictio. LAUS DEO.