Cada una de nuestras acciones es un símbolo. Tú nos hablas en el lenguaje de las cosas, y tu lección llega hasta nosotros sin cesar bajo las apariencias más modestas. ¡Cuantas veces durante mi vida he subido a una escalera!. La ascensión es el misterio último de tu existencia visible, y a pesar de mi vagueza, debo realizar el milagro de elevarme hacia ti in excelsis, hasta las alturas. Cuando pienso en la magnitud del esfuerzo, me siento anonadado, ¿ Como haré para llegar hasta lo inaccesible ?. Pues, desde que has descendido a nuestra humanidad, hay un camino abierto para llegar a ti. Haec est escala qua descendit calceata deitas. Dios mío, no te pido más que una cosa esta tarde: haz que la muerte no me sorprenda a medio camino de mi ascensión hacia ti, sino más bien a la manera de los antiguos patriarcas, que el número de mis días sea completo, cuando vengas a exigirme las grandes cuentas. Es decir, que haya subido todas las gradas, que haya terminado todas las ascensiones, que haya cumplido todos los deberes, y que mi vida llegue a la altura que tu Providencia ha previsto eternamente para mí en su plan redentor. Yo no quisiera que mi alma se quedara en las alturas medias; no quisiera, sobre todo, que con la edad, casi sin darme cuenta, me ponga a descender hacia la nada. Echo una mirada retrospectiva. El número de mis dias recorridos han hecho subir mi vida hacia su término. Estoy a un nivel distante de esa existencia anterior. Podría pararme y llorar, pero no puedo volver a bajar, porque todo mi porvenir está allí arriba, contigo. ALABADO SEA JESUCRISTO.