A fin de año, la actriz contrajo enlace con Ricardo Mollo. La ceremonia fue en un barco, en Brasil, y se desarrolló en el más absoluto secreto. El jueves 17, la pareja organizó una fiesta para darles la noticia a amigos y familiares.
Todo sucedió como si se tratara del capítulo final de una telenovela. Una boda discreta, más que íntima en un barco, muy cerca de la costa de una playa desierta. Una ceremonia sencilla, celebrada en medio del mar con la única presencia de la naturaleza, el juez de Paz y algunos marineros que oficiaron de testigos de la boda. Así lo había imaginado y así lo llevó a cabo. Como siempre: cumplió su sueño sin que nada ni nadie se interpusiese en su camino. Con la misma naturalidad con la que hace casi quince años Natalia Orerio (24) logra cumplir cada una de sus fantasías, esta vez se casó con el amor de su vida: el músico Ricardo Mollo (44).
Hacía tiempo que habían decidido el destino de sus vacaciones. Brasil era el país que Natalia elegía para descansar desde hacía ya varias temporadas. Y este año no iba a ser la excepción. Por eso los últimos días de diciembre ella y su pareja partieron hacia las playas brasileñas con un secreto que supieron preservar aun ante sus afectos más cercanos: Natalia y Ricardo iban a Brasil a casarse, pero sólo ellos lo sabían.
Alojados en una cabaña en Fernando de Noronhia, una isla ubicada al norte de Brasil, la actriz y el músico se dedicaron a esperar la llegada de la fecha señalada. En este caso, ninguno de ellos tuvo que organizar grandes festejos ni sobrevivir a eternos preparativos. Ella quería que todo sucediera con naturalidad, casi como si se tratara de un acto espontáneo. Por eso el lunes 31 de diciembre —exactamente el día que la pareja cumplía seis meses de haber comenzado la relación— Natalia sólo tuvo que sacar de su valija el vestido que usaría en su casamiento. Después, de la mano de Mollo subió al barco que se convertiría en escenario de sus promesas de amor.
Vestida con una solera blanca Natalia embarcó con su futuro marido y saludó a cada uno de los marineros con su habitual amabilidad. Unos minutos después que el barco zarpara, el juez de Paz dio comienzo a la ceremonia. Sin la presencia de amigos ni familiares, algunos tripulantes tuvieron que oficiar como testigos. Un marinero aceptó filmar la ceremonia con la cámara de video que la actriz lleva en todos sus viajes. Entonces, una vez que el juez concluyera con las formalidades, los novios sellaron su amor con un beso y regresaron a la isla convertidos en marido y mujer.
A pesar de que regresaron a Buenos Aires una semana más tarde, ninguno de los dos develó el secreto. Ni siquiera los padres de los novios supieron la verdad. Mientras tanto, Natalia y Ricardo mandaban a hacer la edición de las imágenes y planeaban la manera en que le darían a sus afectos la gran noticia.
AGUANTE CHUCHI
moore
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