PERSONAJES DE MI PUEBLO... RODOLFO BORJA 5°

by Francisco García Rojas (no login)

 
TAMBIÉN FUI AYUDANTE DE CIRUJANO.

Mi nombre es Rodolfo Borja; como les dije antes, estos son algunas de las anécdotas de mi vida, se las iré contando conforme vayan apareciendo en mi memoria...

Un día llegó de visita a Guayameo un médico famoso de nombre Don José de Jesús Pineda Ortuño, era hijo Don Ignacio Pineda Campos, quien vivía y era dueño de la hacienda “El Guayacán”, cerquita de Zirándaro.

Dio la casualidad que había en esos días un hombre muy pobre que se había quebrado una pata al lazar un toro en el renoval; el toro se dio el jalón y la cincha de la silla se rompió y el jinete cayó y fue a dar a un voladero; cuando los compañeros lo recogieron tenía una pata quebrada, con un pedazo de hueso de fuera. Cortaron unos palos para hacer unas hangarillas y lo llevaron a su casa. La esposa mandó por mi tío Cesar que al verlo de inmediato supo nada podía hacer porque el hombre ocupaba de una operación en hospital.

Para cuando arribó el Dr. Pineda, el pie ya tenía como cuatro días fracturado y estaba morado e hinchado.
Al saber mi papá Cesar de la llegada del médico fue a verlo y allí se dio cuenta que era hijo de su amigo don Ignacio Pineda campos a quien la gente del rumbo le daba por llamar “El amo Campos”; entonces le pidió al facultativo que fuera a ver al enfermo y le advirtió que era muy pobre.
El doctor Pineda aceptó y acompañado de mi tío fue hasta la casa del enfermo; yo era un chamaco y me les pegué, por eso puedo platicar lo sucedido.

Don Benjamín Sánchez, que así se llamaba el enfermo, estaba tirado en un canchire en una choza de paja a la orilla del pueblo, por la salida al Chirare; desde que entramos a la casa notamos la jediondez de la carne que ya se estaba pudriendo. Al terminar de revisarlo, el médico le dijo:
-Don Benjamín, usted necesita operarse, tiene que irse hoy mismo a un hospital a Huetamo, de lo contrario no va a vivir más de una semana.
-Hay dotorcito _le contestó el amigo con una cara de pena_ si no tengo ni en que cairme muerto, cuantimenos p´a ir a la suidá; si su mercé quere hacerme la caridá, yo se lo voy a agradecer porque ni siquera tengo p´a pagar sus buenos servicios. Hay haga lo que su buena voluntá pueda, que si Dios quere y soy de vida, le voy a vivir agradecido y si no, p´os de todos modos ya estoy sentenciado, que más da.

El Dr. Pineda y mi tío se vinieron platicando y llegando a la tienda revisaron lo que había en la botica y lo que el médico traía en su maletín, llegaron a la conclusión que podían hacer un intento desesperado de salvarle la vida al hombre.
-Pero tu me vas a ayudar, le dijo a mi tío.
-Usted n´omas me dice que hacer, mi casa y mi persona están a su disposición para tratar de curar al pobre hombre, le contestó mi papá Cesar.

Esa mañana se la pasaron haciendo vendas de manta (de la que vendíamos en la tienda) luego las pusieron a hervir en una olla; juntaron las pocas pinzas y herramientas de médico que tenía mi tío con las del doctor Pineda y también las pusieron a esterilizar en una parrillita de metal, las jeringas igualmente las pusieron a hervir.
Lavaron con escobeta la mesa del comedor y la colocaron en la sala, limpiaron una lámpara de gasolina que da una luz muy blanca y potente y la colgaron arriba de la mesa.
Apenas pasaba de medio día cuando un grupo de hombres trasladó al enfermo a nuestra casa donde se tenía todo arreglado para operarlo. La primera que se puso a trabajar fue la esposa del galeno que le aplicó un suero en el brazo y luego ordenó que los ayudantes lo acostaran sobre la mesa que habíamos lavado, tapado solo con una sábana limpia.
El Dr. Pineda, su esposa y mi tío se lavaron las manos muchas veces y luego se pusieron unos guantes que traía en su maletín.
El doctor ordenó que acostaran al enfermo de lado, con la espalda descubierta, le puso una inyección con una aguja muy larga y de inmediato el hombre dejó de quejarse, decía que como si se le hubieran muerto las piernas.
-A ver Rodolfo, me dijo el doctor, con este trapo agárrale el pie y álzalo.
Así lo hice, el enfermo ni siquiera se dio por enterado, y ellos lo envolvieron en los pedazos de manta que habían hervido tanto tiempo, le pusieron alcohol yodado y se prepararon para cortarle la pierna.
Cuando empezaron a operarlo ya estaba pardeando la tarde, el enfermo ni se movía, como si estuvieran cortando un palo; a mi me pusieron a cuidar el suero para que no se le tapara; la operación la terminaron a la luz de la lámpara de gasolina.
La pata cortada quedó envuelta en los trapos y el doctor me ordenó que al día siguiente fuera al trascorral y que hiciera un pozo hondo para enterrarla de manera que los perros no la fueran a desenterrar.
-No médico, le atajó mi papá Cesar, aun el hombre más muy pobre merece respeto, mejor que la lleve al camposanto y allá la entierre.
Yo pude ver una sonrisa de satisfacción en la cara del doctor cuando le dijo:
-Me gusta como piensas, amigo Cesar, que se haga como dices y que le avise a la esposa por si quiere ponerle una cruz y rezarle algo.
Así se hizo, al día siguiente con unos amigos y con la mujer y sus guachitos fuimos al panteón y al pie de una tumba donde estaban los tatas del enfermo escarbamos un pozo y enterramos la pata, luego le pusimos una cruz que armamos con una fajilla; la señora le puso una veladora y le rezó.

Ocho días se quedó el Dr. Pineda Ortuño en Guayameo, varias veces comió con nosotros y todos los días, a mañana y tarde íbamos los tres a ver al enfermo que se recuperaba rápidamente con los antibióticos que el mismo médico le ponía.
Cuando el médico se fue del pueblo, el enfermo que ya estaba recuperado y empezaba a dar pasitos apoyado en un palo, le regaló su único caballo al médico, quien lo aceptó con mucho gusto, esto no lo vi yo, pero me lo platicaron unos amigos. En un mes don Benjamín Sánchez ya se había hecho una pata de palo y pronto estaba trabajando; no volvió a monar a caballo, pero vivió muchos años y la gente lo conoció con elmote de "El Pata de Palo".

El doctor Pineda Campos se fue y don Benjamin salvó la vida gracias a la obra de caridad de un buen médico y al interés de mi papá Cesar de ayudar a la gente pobre... Yo n´omas fui de "mirandilla" pero me quedó grabada la acción de dos buenos hombres.
Muchas veces en mi vida cuando las dudas de como proceder me asaltaban, me acordaba de las buenas gentes que fuí conociendo y pensaba ¿como le habrían hecho ellos?; eso me sirvió de guía varias veces.

Otro día, si Dios quiere, les paticaré más de mi vida..


Escrito desde Oct 8, 2011, 9:32 AM

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