Al aprobar una ley que establece el Premio Nacional de la Poesía
Joaquín Balaguer, el congreso nacional acaba de darle un nuevo golpe a una de
las cosas más sublimes del género humano, al tomar la poesía entre sus
manos, tirarla al suelo después que casi la estrangula y ponerla a los
pies de Balaguer.
Y al conocerse esta extravagancia no queda más que preguntarse, ¿pero
hasta dónde es que cierta gente va a llegar en eso de rendirle culto a
Balaguer?
El juicio de casi todos los que saben de poesía es el de que Joaquín
Balaguer es mal poeta. Pero sobre todo, digo yo, es un mal dominicano. Y
uno no ve la razón por la cual se le otorgue este nuevo galardón a un
mal poeta y mal dominicano, pasando por encima de poetas que son
verdaderas glorias de la poesía nacional, y en muchos casos, también son
luminosos ejemplos de patriotas.
Ya se ha dicho más de una vez por aquí mismo, Balaguer es un hombre
afortunado, y aquí están de nuevo muchos que antes dijeron ser sus
enemigos, empeñados en rendirle pleitesía.
Pero jamás debieron tomar a la poesía como instrumento. Porque cuando a
la poesía se le ultraja y arrastra por los suelos, se puede predecir
que el país donde eso ocurre está camino a la desgracia.
El facismo que encabezó en España el dictador Francisco Franco, dijo lo
que iba a ser desde que en 1936, asesinó a Federico García Lorca y
privó a España de su mejor poeta.
Uno de los símbolos más tristes y elocuentes de la desgracia de la
ocupación militar yanki de 1916, lo constituye la foto en la cual el
insigne poeta y patriota Fabio Fiallo aparece vestido de prisionero.
La intervención de los mismos yankis, pero en 1965, se llevó de
encuentro a Jacques Viaud Renaud y así le dio otro golpe a la poesía.
Ahora, en este período de inconsecuencias y abyecciones, la poesía
tampoco pudo salir intacta, y con ello basta y sobra para darnos cuenta del
rumbo torcido por donde nos vienen conduciendo.
Pese a todo, la poesía no morirá. ‘‘Tiene las siete vidas del gato,
dice Neruda. La molestan, la arrastran por la calle, la escupen y la
befan, la limitan para ahogarla, la destierran, la encarcelan, le dan cuatro
tiros y sale de todos estos episodios con la cara lavada y una sonrisa
de atroz’’.
Así será también ahora, pero no hay dudas de que nuestro país terminará
por sufrir las consecuencias de este desbordamiento de la adulonería y
de la indignidad que nos ha tocado presenciar.
|