Ademas de que parte el alma, da verguenza...y yo lo he visto!
May 28 2001 at 5:14 PM
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Lunes, 28 de Mayo del 2001
Edición Interactiva-Año V - Número 125
Editorial
El deseo de aprender
Mil doscientos niños, en edades entre los seis y los quince años, en su gran mayoría, se apiñan como ‘sardinas en lata’, en cuartuchos de tres por ocho metros, bajo los efectos de un candente sol que proyecta un calor inaguantable a través de viejas hojas de zinc, la mayoría con hoyos que, cuando llueve, entonces se convierten en un colador de agua hacia el interior.
Esta escena no es tan lejos, en el ‘Sur profundo’, o en la ‘Línea’, o en las cercanías de los Haitises, donde son frecuentes ver signos de precariedades tales.
Esto ocurre en el corazón mismo de la Capital.
Esto ocurre en el barrio 27 de Febrero, uno de esos llamados ‘marginales’ o de ‘marginados’, donde los políticos acuden cada cierto tiempo en busca del favor del voto, pero jamás vuelven porque el mal olor de sus cunetas y las precaridades de vida de los que allí se levantan cada mañana para ganarse el sustento de sus familias, es ‘deprimente’ y provoca ‘nostalgia’ y ‘depresión’.
Educados, uniformados con pantalón kaki y camisa azul, estos niños sudan y se ven desfallecidos cuando llegan las once de la mañana dentro de estas ‘aulas’ que parecen los reclusorios de prisiones para castigos de los que violentan las leyes internas.
¿Y qué no decir de esos maestros, muchos de los cuales no están ‘nombrados’ y, por tanto, no cobran o lo hacen fuera de las ’categorías’ establecidas por Educación?
Abnegados, sencillamente por vocación y sentido de responsabilidad por el futuro de esos niños, se ven a estos maestros también sudando ‘la gota gorda’, con un pedazo de tabla como pizarra y sin más ‘materiales’ de trabajo que un pedazo de tiza y mucha comprensión y deseo de servicio.
La ‘escuela’ está repartida en tres viejas casuchas, por cuyo alquiler las autoridades de Educación deben varios meses y ya han ’amenazado’ sus dueños con desalojarlos.
Esto ocurre en medio de la violencia social y económica que abate este barrio del centro de la Capital, una zona que entre callejones, alambres colgando del tendido eléctrico, aguas corriendo por las vías, hedor y sucio que son las características de vida de miles y miles de personas, dominicanos, igual que cualquiera.
Allí están esperando, desde una promesa que hiciera de ir en enero, a la secretaria de Educación para ‘que vea con sus propios ojos’ lo que ocurre con esos niños, apenas la tercera parte de los que habitan en la barriada, pero que han decidido aprender, educarse, para no ser parásitos.
Desde la Secretaría de Educación, en la avenida Máximo Gómez, el trayecto hasta el barrio 27 de Febrero, en las inmediaciones de María Auxiliadora, se toma unos doce minutos en auto -sin sirena ni luces rojas centellantes- y desde el Palacio Nacional, el trayecto es todavía un poquito más corto.
¿Podrá sacar la ocupadísima secretaria de Educación unos minutitos para ver esto que ocurre en el corazón de la Ciudad Capital, Primada de América y Cuna del Nuevo Mundo?
Rogamos porque sí.