ENTREVISTA A GABRIEL CORRADO

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http://www.clarin.com.ar/diario/2000-10-24/c-00411.htm

Martes 24 de octubre de 2000

ENTREVISTA A GABRIEL CORRADO
Un muchacho como yo

Tras dos años viviendo en España, el galán volvió a la Argentina con la telenovela Luna Salvaje. Junto a Clarín repasa su vida y su carrera desde una esquina de Villa Pueyrredón, el barrio que lo vió crecer.
GRACIELA BADUEL





VOLVER CON TODO. Corrado, de regreso a la Argentina, a la tira diaria y a la estación de tren del barrio en el que estudió, jugó a la pelota y dio su primer beso.

Conflictos no van a faltar

Desde El Grill, en la esquina de avenida Mosconi y Artigas, se palpita el ritmo de Villa Pueyrredón. A pesar de que son las 9 y media de la mañana, más de la mitad de las mesas de fórmica están ocupadas. La mayoría por hombres de mediana edad que hablan por celular, toman café y leen el diario. Gabriel Corrado lleva anteojos oscuros y traspasa el umbral con las manos en los bolsillos de su campera de cuero. Un hombre canoso que está en la mesa del medio se para de inmediato y se confunde con él en un abrazo. Las mozas, con una semisonrisa, miran la escena desde lejos. Nadie le pide autógrafos. "Es mi primo Humberto, el dueño", explica el galán, y saluda a las chicas con un beso.

"Eres un hombre bellísimo. Tus ojos azules me transforman. Además de tu talento como actor admiro tu hermosura, tu dulzura, tu suavidad, tu galantería." Carta de Adriana Calescu (14), de Rumania, una de sus tantas admiradoras internacionales.

La familia Corrado (en rigor la familia Andreacchio, porque Corrado es su apellido materno) se estableció en Villa Pueyrredón a principios de siglo. Inmigrantes italianos, calabreses de Vadolato Marina, en la costa del mar Jónico, los abuelos compraron una finca en la calle Zamudio, donde Gabriel, segundo hijo del más chico de los once hijos que tuvieron, vivió hasta los 23 años. El bar fue siempre su punto de partida: "Acá me encontraba con mis amigos para ir al cine Aconcagua, en esta esquina tomaba el colectivo para ir a comprarme ropa a Cabildo y o un enlace a Belgrano cuando estudiaba Medicina".

"El barrio era mi mundo", grafica Corrado, y detalla que hizo primaria y secundaria en el colegio Nuestra Señora de Luján (a tres cuadras del bar), que jugaba al fútbol como wing derecho en Club Gloria (a dos cuadras) y que hasta la colimba le tocó en un Casino de Oficiales de San Martín, bastante cerca.

Menos alto y más flacucho que en TV, Corrado habla de su vida con entusiasmo y sin nostalgia. Tiene el pelo rubio iluminado por leves reflejos, la piel bronceada por el sol de Andalucía y le brillan los ojos turquesa. En el 98 se fue a probar suerte a España: hizo las valijas, se llevó a su mujer y a sus tres hijos y durante dos años consolidó su carrera de actor y conductor en Europa e Israel. Ahora, no porque le falten proyectos del otro lado del océano, volvió a la Argentina contratado por Telefé para encabezar la telenovela Luna salvaje.

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"Grabé 28 videos tuyos y tengo muchísimas fotografías. Sos un hombre muy atractivo y muy sexy." (María Biundo, Sicilia, Italia).

Aunque de chico veía Rolando Rivas con su mamá, Corrado no soñaba con ser galán. Fascinado con la idea de organizar los festivales escolares, se metió en el grupo de teatro del colegio y, más tarde, cuando colgó Medicina, no pensó en la TV sino en las tablas. Miembro de la compañía vocacional TEA (Teatro Experimental Argentino), se calzó la mochila e hizo giras por el interior. "Era alucinante: armábamos la obra y nos íbamos, por ejemplo, al valle de Punilla. Actuábamos en La Cumbre, dormíamos en la biblioteca popular del lugar, hacíamos los volantes y los tirábamos por la calle. De ahí seguíamos por Capilla del Monte, Cosquín, Cruz del Eje..."

Todavía tiene fresco el debut, que para él se traduce como el primer día que escuchó los aplausos de un público que no era ni familiar, ni amigo, ni conocido del barrio. La obra la había escrito Marcelo Vernengo, su primer maestro de teatro y portaba el romántico título de Un camino hacia la imaginación. "Fue mágico porque éramos tres chicas y cuatro chicos y armamos un círculo alrededor del director. El nos puso colorete en la cara, como una máscara. Lo recuerdo como un momento de mucha mística. Estábamos en un teatrito de La Falda y fue algo parecido a un bautismo. Una ceremonia."

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"Le escribo para hacerle saber que siento gran admiración por usted. Reciba señor mi más alta muestra de consideración." (Claude-Alain Wenger, Savagnier, Suiza.)

Una vecina pasa con su hija de la mano y se para en seco. "Los ojos, mostráme los ojos", pide. El galán les dedica una mirada y ellas se van felices. Pero antes aclaran: "Estas oportunidades no se tienen todos los días. No anda siempre por el barrio". Satisfecho, Corrado vuelve a los recuerdos. "Acá tomaba el tren con mi mamá para ir a lo de mi abuela, que vivía en San Andrés. O me iba a jugar al tenis al club Bartolomé Mitre. Con los chicos de la barra poníamos clavos y monedas en las vías, para ver cómo quedaban chatitos, chatitos... En el baldío de enfrente jugábamos al fútbol. Y en este caminito de la vía le he dado el beso a mi primera novia."

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"Soy una chica de 15 años que te admira a tí y a tu trabajo. Tienes unos ojos preciosos y un cuerpo que quita el hipo". (Ana Belén Balsalobre Gómez, Murcia, España.)

Así como lo marcó ese primer contacto con el público "real", puesto a repasar los momentos más importantes de su carrera, Corrado no se olvida de la primera vez que lo reconocieron por la calle, después de su debut en TV. Corría 1987 y era galancito en la tira Quiero morir mañana. "Pasé de ser un ilustre desconocido a que me llamaran por el nombre del personaje. Siempre valoré lo que le pasa a la gente. Y en el exterior es todavía más fuerte".

Coprotagonista de Manuela, con Grecia Colmenares, el actor viajó a Italia en 1991 para grabar en Roma y Sicilia. "Ya se había visto La extraña dama y en la Via Condotti una pareja me gritó ¡Gabrielle!, que era el nombre que le habían puesto al personaje. Me caí de culo. ¡Me saqué una foto con ellos! Se me vino encima el abuelo, que había hecho el camino inverso, los doce mil kilómetros, Zamudio 4230..."

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"Tengo 12 años y me puse muy contenta cuando viniste a Israel. Fue una gran emoción verte. Estoy aprendiendo a hablar castellano de tanto ver tus actividades". (Ronit Biton, Kiriat Motzkin, Israel.)

A pesar de sus proyectos en España (el thriller El reportero, que sigue en pie), cuando se le presentó la posibilidad de volver no la desaprovechó. En su casa de un country de Bella Vista había quedado su otra familia: los labradores Winner y Brando, y Guapa, la gata. "Me moría por volver a trabajar acá. Además, uno siempre tiene la fantasía de que lo van a olvidar. Necesitaba mis amigos, mis cosas... Y la forma de hacer televisión en la Argentina: los códigos, los tiempos, los ritmos." Sabe de lo que habla, le apasiona su trabajo, más de una vez se ha metido en la producción y entre sus sueños cumplidos se cuenta la miniserie El arcángel, que concretó en el 97 con el periodista Luis Majul, uno de los amigos que conserva de la infancia. Antes de volver al estudio de TV, tira la máxima que rige su carrera. Dice: "Creo en un mundo más pequeño".










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