Tensa, nerviosa, pero con la decisión pintada en el rostro. Así se vio a Andrea del Boca la mañana del martes cuando se presentó para declarar ante los integrantes de la Comisión de Acusación del Consejo de la Magistratura –el organismo que en la Argentina controla el accionar de los jueces– sobre el desempeño del juez que hasta hace poco tuvo a su cargo el caso que la enfrenta con el padre de su hija Anna, de 4 años, por el cuidado de la niña.
Las acusaciones de la actriz contra el juez Jorge Noro Villagra son de altísimo voltaje y podrían provocar su destitución. En el testimonio, Andrea del Boca señaló que el magistrado le había negado "durante tres años el derecho a la salud a su hija, que podía quedar ciega de un ojo". También denunció que le había dicho en reiteradas ocasiones que "debía optar entre ser madre y ser actriz" y que "ser madre soltera tenía consecuencias que debía haber evaluado antes".
Algún desprevenido podría creer que –en boca de la inolvidable "Pinina"– esas frases y muchas otras que escucharon los integrantes de la Comisión son parte del guión de un nuevo culebrón de aquellos que la llevaron a la fama.
Nada más alejado de la ficción: el dolor de Andrea del Boca es auténtico y lo que cuenta, el drama que vive junto a su hija desde hace más de cuatro años. "Espero que se haga justicia. No por mí, sino por Anna", dijo al salir del juzgado. Tenía los labios apretados y sus ojos brillaban delatando un llanto reciente.
Un drama sin ficciones
Todo comenzó a principios de 2000, cuando Andrea del Boca conoció al médico Ricardo Biasotti en una fiesta. Los testigos de aquella noche cuentan que fue un flechazo de telenovela y que la madrugada los vio irse juntos.
Con el correr de los días, la relación se siguió afirmando, hasta que un día Andrea anunció que estaba embarazada. Entonces, Biasotti se alejó: el romance ya no lo era y la actriz llevó adelante la gestación en soledad.
Asumió la situación y decidió no ocultarla: "Soy una madre soltera y estoy orgullosa", solía repetir en las entrevistas. Cuando el 15 de noviembre dio a luz a una niña sana, de casi 8 libras, confesó que tocaba el cielo con las manos. Pero muy pronto el cielo que Andrea del Boca creía tocar dejó de ser luminoso.
Ricardo Biasotti reapareció en la escena, dispuesto a reconocer su paternidad pero poniendo condiciones. La primera de ellas, que la niña se llamara Chiara. La actriz no aceptó: durante todo el embarazo había pensado en su hija como Anna –el nombre de su madre– y no estaba dispuesta a renunciar.
Lo que podría haberse solucionado con un acuerdo íntimo derivó hacia los despachos judiciales. En marzo de 2001 –la criatura seguía todavía sin nombre legal– Biasotti presentó una demanda de filiación. Pocos días después, la situación empeoró: el acuerdo de encontrarse ambas partes para inscribir a la niña terminó sin que se hiciera el trámite y con una discusión a los gritos ante los atónitos empleados del Registro Civil.
Luego de otro tenso encuentro en el juzgado, el desacuerdo se resolvió de manera salomónica y la niña pudo tener un nombre… o, más precisamente, dos: Anna Chiara.
Pero ese nombre que respetaba los deseos de ambos padres no sirvió para solucionar otras diferencias. En los meses siguientes hubo desacuerdos económicos y con el régimen de visitas, y más tarde –cuando se descubrió un problema de visión en uno de los ojos de Anna– un feroz enfrentamiento sobre el camino médico a seguir.
La actriz propuso visitar a especialistas en Estados Unidos, pero Biasotti se opuso a que la niña viajara con su madre al exterior. La situación empeoró aún más en marzo de 2004 cuando, después de un confuso episodio en la puerta de su casa, Andrea del Boca denunció que el hombre la había agredido.
Finalmente, en abril del año pasado, el magistrado Noro Villagra, en cuyo juzgado recayó el caso, apoyó la posición de Biasotti e impidió que la niña saliera del país. En esa ocasión –de acuerdo con la declaración–, también habría conminado Andrea del Boca a elegir entre "ser madre o ser actriz", advirtiéndole que "ser madre soltera tenía consecuencias que debía haber evaluado antes". Entonces, asesorada por sus abogados –que vieron en la actitud del juez un claro prejuicio en contra de ella y una clara parcialidad a favor del padre– Andrea llevó su reclamo contra Noro Villagra ante el Consejo de la Magistratura.
"Lo hice por Anna, no por mí"
En los próximos días, el testimonio será analizado por la Comisión de Acusación, que resolverá si inicia o no el trámite de destitución de Noro Villegas. "Ahora estoy más tranquila y confiada. Espero que se haga justicia. No por mí, sino por Anna. Todo este tiempo sufrí mucho, atormentada por este juez", dijo la actriz al salir del tribunal.
–¿Se siente reivindicada?
–No. No lo hice por mí, sino por Anna. En todo el tiempo que tuvo el caso en sus manos no tomó ninguna medida para proteger a mi hija, pero sí me advirtió a mí que me aplicaría multas de 3.000 pesos (unos 1.000 dólares) si no cumplía con el régimen de visitas. Y no se trataba de que yo lo cumpliera o no, sino que Anna no quería ver al padre. Le expliqué al juez la situación, e incluso hice una denuncia por agresión cuando, en una ocasión me empujó contra una puerta de vidrio para arrebatármela de los brazos. Fue muy traumático. Tanto que, seis meses después, ante una situación parecida, mi hija le dijo al padre que no quería ir con él. "Le pegas a mi mamá. Yo te vi", le dijo.
–¿El juez Noro Villegas no tomó medidas?
–Nunca vio a mi hija y jamás ordenó una pericia. Por cuidar los derechos del padre, violó los derechos de Anna, su derecho a la salud, a la integridad psicofísica y la expuso a situaciones de violencia.
–¿Lo acusa también de no respetarla como madre?
–Lo que yo digo es que un juez, cuando se trata de un niño, tiene que poner los derechos de ese niño por encima de los del padre y de la madre. Anna necesitaba tenía que ser tratada del problema de su ojo, pero no le permitió salir del país para que viera a mejores especialistas, y la puso en riesgo de quedar ciega. Tampoco permitió que me acompañara cuando tuve que viajar al exterior por razones de trabajo, privándola de la presencia de su madre.
–¿Por qué?
–Porque me discriminó como madre soltera y como mujer. Me dijo que tenía que elegir entre ser madre o ser actriz. A nadie se le ocurriría decirle a un médico que tiene que elegir entre su profesión y ser padre. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Insistía con que ser madre soltera tiene sus consecuencias. Es una barbaridad: no se es más madre por ser soltera o casada, se es mamá y punto.
–Después del testimonio que acaba de dar, ¿espera que destituyan al juez?
–Espero que esto pueda ayudar a otras mujeres que están con sus hijos en la misma situación que yo. Esto sale a la luz porque yo soy conocida, pero hay miles de casos como el de Anna y el mío. Cuando todo esto se hizo público, se me acercaron muchas a pedirme que siguiera adelante, que no me callara porque estaba hablando también en nombre de ellas. Eso me dio fuerzas para seguir adelante.
–¿Cuál es el paso siguiente?
–No sé cómo seguirá esto, porque es la primera vez que citan a alguien a dar testimonio ante la Comisión de Acusación por un caso de familia. Lo único que quiero es poder ocuparme de Anna, de su salud y su bienestar, como siempre lo hice, pero ahora sin nadie que me ponga trabas.
La actriz saltó a la fama internacional con su tierno personaje de "Pinina".