A los 21, ya se lució en cine, teatro y televisión. Trabajó junto a Grandinetti,
Alcón y Oscar Martínez, pero dice que no quiere apurarse en su carrera.
LUCILA OLIVERA
- Rafael, tu personaje en Ilusiones fue
creciendo en importancia. ¿Estaba
planeado?
- Estaba medio pautado. Creo que es una
buena historia porque le pasa de todo:
está buscando a su hermano, va a pelear
por su tenencia, estuvo preso, murió su
madre... Es al revés de lo que pasa en la
vida real: en la ficción, cuando más
problemas tenés, es mejor.
- ¿Es demasiado para su edad?
- Creo que existe esa realidad. Es un chico
sin posibilidades, que tuvo que aprender a robar, y después quiere
levantar la cabeza pero la realidad lo obliga a hacer lo único que
sabe: robar. Y esto no es que lo descubro ahora por Ilusiones.
Cuando filmé Fuga de cerebros (era un chico de la calle) estuve
visitando villas y relacionándome con la gente. Es una realidad
durísima que a veces uno no puede ver o a la que le damos la
espalda.
- ¿Y la historia de amor con Giuliana, el personaje que hace
Marcela Kloosterboer?
- Si bien la historia gira en torno a lo que pasa entre ellos, darle
un respiro y que les pasen otras cosas, está bueno. Lo lindo de
este pibe es que, aunque es marginal y no conoce sobre muchas
cosas, al salir de la cárcel conoció el amor y está tan necesitado
de afecto que se desvive por ellos.
- Al punto de casi volver a la cárcel por ayudar a su chica...
- Más que un robo fue una estafa a otro estafador. El es un
buenote y a veces casi ingenuo. Se está creyendo que es el
padre de un bebé que no es su hijo...
- ¿Está dispuesto a todo por amor?
- Creo que sí y, si tiene límites, no los conozco. Por cierto, en lo
personal, yo no me considero una persona tan capacitada para
bancar tanto.
- Lástima que se termine el ciclo a mediados de julio. ¿Cómo
lo tomaste?
- Soy una persona que trata de disfrutar todo lo que hace. Lo
que más lamento, aunque uno sabe que se puede terminar y no
me genera un problema, es que de verdad creo que es un
programa lindo.
- ¿Qué explicaciones les dieron?
- Por lo que me dijeron, no baja por falta de rating sino por un
problema de costos. Es una pena. El nuestro es un país duro,
donde nada parece avanzar. Ya quisieron matar al cine, después
al teatro. Es como estar alentando a que la gente se vaya.
- ¿Te irías?
- No, no puedo ser tan hipócrita porque, si bien en un mes y
medio voy a ser un desocupado más, puedo estar tranquilo. Pero
hay gente que no. Me parece triste.
- ¿Tenés novia?
- Estoy muy bien, contenido. A mi me cuesta hablar de mi vida
personal. Los que me rodean me dan fuerza para seguir.
- Tu carrera se inició bailando en un ciclo de Flavia Palmiero.
- Tenía 10 años, veía el programa y me divertía estar bailando
ahí. Después se agregaron sketches y al año siguiente llegó Son
de 10. Soy un privilegiado de poder trabajar y encima en lo que
me gusta.
- Ya trabajaste con Grandinetti (en teatro, en El Cartero),
con Alfredo Alcón (en Vulnerables), y ahora con Oscar
Martínez. ¿Soñabas con todo esto?
- Las cosas fueron pasando. Siempre soñé con mejorarme y tratar
de crecer para ser un gran actor. Tuve y tengo la suerte de
trabajar con gente grossa al lado y poder mirar y aprender lo que
no se debe hacer.
- ¿Es verdad que no hacés notas grupales?
- A mi me cuesta dar notas y es cierto que alguna vez dije que
no a un recuadro en un artículo que se llamó chicos que vienen.
Yo dije que no porque esa nota la hice tres veces, con distintos
chicos. Ya estaba. No quiero justificarme, pero no me agrandé, no
soy ningún creído. Sí hago notas cuando hay gente que está
trabajando conmigo en el mismo proyecto. Me interesa hablar del
producto que hago y no hablar de mí comparándome si tengo el
pelo más corto o más largo que otro.
- ¿Dónde te gustaría destacarte más?
- Quiero ser, dentro de mis posibilidades, un gran actor y trabajar
de esto, que es lo que me gusta. La TV me encanta, igual que el
teatro y el cine. Soy feliz actuando. Me imagino que, si esto fuera
subir una escalera, cuando mire para abajo, me gustaría ver que
todos los escalones fueron bien pisados. Como la escalera de
Susana Giménez, en la que se prenden los escalones a medida
que los pisan. Cuando sea el momento de mirar para atrás, me
gustaría ver la escalera toda encendida.
Escrito desde May 28, 2001, 2:56 PM de la dirección IP 209.198.226.130