"Como anteriormente murieron en
Africa y otros frentes donde había fracasado el argentino, que no era
médico, aunque posaba como tal; que no era patriota, y mucho menos un
reivindicador,"
Los Huesos del Che
Por Armando Pérez Roura
Desde hace meses, el circo alrededor de la figura siniestra del
argentino Ernesto Che Guevara no ha cesado en todo el continente. De un
aventurero cargado de hechos criminales se ha tejido la trama novelesca
de un personaje que mientras vivió, no albergó ningún tipo de
sentimiento humano que merezca recordación.
Los pueblos que fueron agredidos después que se hizo realidad el mal
llamado "triunfo" de la revolución cubana, se han visto "bombardeados"
por el aparato propagandístico donde confluyen escritores, periodistas e
historiadores, que forman el circo de los intelectuales, que fueron
enamorados por las invitaciones que procedían de La Habana; o que en sus
propios países inspiraban los miembros de la nomenclatura comunista o el
ala de la izquierda radical.
El personaje motivó libros que fueron editados por importantes casas...
El Che Guevara ofrecía un buen tema para ganar fama y dinero de esos
intelectuales, que con su talento, han prestado un flaco servicio a la
verdadera historia de la vida de este desalmado sujeto que no sintió
jamás afecto alguno por otro semejante.
La represión en Cuba contra los indefensos disidentes o periodistas
independientes ha sido brutal, y continuará, aún cuando estén insepultos
los huesos llegados desde Bolivia. El Che sigue haciendo daño 30 años
después de que fuera ejecutado por invadir un país que --como Bolivia--
no se dejó engatusar por las mentiras de los camaradas rojos.
Allí murieron decenas de militares que, cumpliendo con su deber, lo
enfrentaron con las armas en la mano. Como anteriormente murieron en
Africa y otros frentes donde había fracasado el argentino, que no era
médico, aunque posaba como tal; que no era patriota, y mucho menos un
reivindicador, aunque ahora el presidente de su país, Carlos Saúl Menem,
le dedique una emisión de sellos de correos. Su "personalidad" la
demostró en la patria de José Martí, cuando al frente de la Fortaleza de
La Cabaña, fusilaba día y noche, sin pruebas, para hacer "fuerte" a la
revolución comunista; como le expresara una vez a un joven capitán
rebelde, quien le dijo que allí se estaban cometiendo crímenes con los
que no estaba de acuerdo, la respuesta de Guevara, con su acento
argentino y su frase coloquial, fue: "Che, tú no sabes lo que tiene que
hacerse para profundizar una revolución..."
Como en la historia de la antigua Roma, ahora no solamente al cubano de
hoy, sino a nivel internacional, el régimen y su malvado déspota, Fidel
Castro, le ofrecen el espectáculo que necesitaban los que regían el
destino de aquellos pueblos. "Pan et Circense", decían los césares del
grupo de los cínicos (que no fueron pocos) durante el milenio de "Pax
Romana". El tirano de Cuba ha hecho suya la última recomendación:
"Circo". Ya que el pan brilla por su ausencia desde hace treinta y siete
años.
El circo en esta ocasión ha sido levantado con un montón de huesos a
quienes los sicarios del régimen reverencian como si fuera Teresa de
Avila.
Hubo una vez una infanta española, hija mayor de los reyes católicos,
llamada Juana y apodada "La Loca", que terminó guardada en una torre
castellana por orden de su propio hijo, el rey Carlos I de España, --y
al mismo tiempo emperador de Alemania con el nombre de Carlos V--. ¿Las
razones para semejante acción? La locura. Cuando murió Felipe "El
Hermoso" de Harsburgo, a la pobre infanta de España se le ocurrió pasear
su cadáver --ya convertido en carrona-- en una suntuosa carroña por
todas las regiones del reino, acompañándolo en un loco periplo sin dejar
de llorar.
Ahora Juan "El Loco", emperador de Cuba, está paseando los huesos de
varios indios del altiplando, pregonando a los cuatro vientos que los
mismos pertenecen al asesino internacional Ernesto Guevara y a algunos
compañeros de aventura. La exaltación del crimen en la historia de un
psicópata que no tuvo otro logro en su vida que el de morir para bien
del género humano.
El pueblo con las tripas vacías ve pasar un mito que nunca existió y
unos huesos que tampoco pertenecieron a ese mito. Una verdadera
vergüenza y otro oprobio para Cuba.
El manifiesto contestatario La Patria es de Todos, tiene, en uno de sus
magníficos párrafos, una observación lapidaria: "El hombre no puede
vivir de la historia". Naturalmente que en este caso se trata de que "el
hombre no puede vivir de un mito".
Como ya no puede ofrecer nada, absolutamente nada, el viejo tirano que
vive de espaldas al futuro y a la historia, se dirige al pasado que él
creó, cuya mayoría, nunca existió, para tratar de distraer el hambre que
retuerce las tripas vacías del cubano.
Esta es la razón del por qué Fidel Castro, vestido en esta ocasión de
Juan "El Loco", pasea los huesos de varios indios bolivianos, pregonando
que pertenecieron al atorrante argentino que fuera el asesino de
centenares de cubanos.
No hay otro secreto ni otra lógica; y esto seguirá encarrilado en la
misma locura, hasta que la locomotora se descarrile y muy pronto, mucho
más pronto de lo que ellos se imaginan.
Escrito desde Aug 7, 2002, 10:47 AM de la dirección IP 200.49.159.36