...El Che no vive...ni vuelve...ni volvera
ERNESTO 'CHE' GUEVARA
1. "Until now, the peasants have not been mobilized, but through TERRORISM and intimidation, we will win them"
Ernesto Che Guevara, from his diary, in Bolivia.
2. "Hay que acabar con todos los periodicos, pues no se puede hacer una revolucion con libertad de Prensa. Los periodicos son instrumentos de la oligarquia." (1959 a periodista)
3. "Los trabajadores cubanos tienen que irse acostumbrando a vivir en un regimen de colectivismo y DE NINGUNA MANERA PUEDEN IR A LA HUELGA."
( 26 de junio 1961 en TV)
4. " Soy el Che Guevara, no me maten. Les valgo mas vivo que muerto."
( 8 de Octubre 1967 en Bolivia)
5. "No demoren las causas, esto es una revolución, no usen métodos legales burgueses, las pruebas son secundarias. Hay que proceder por convicción. Es una pandilla de criminales, asesinos. Además, recuerden que hay un tribunal de Apelación."
(La Cabaña 1959)
6. ?QUE PIENSAN HACER POR LOS NEGROS? " POR LOS NEGROS NO VAMOS A HACER NADA, PUES NADA HICIERON POR LA REVOLUCION "
(entrevista en la television cubana)
7. «Somos demócratas, nuestro movimiento es democrático, liberal y esta interesado en la cooperación de toda América. Llamar comunistas a todos los que se niegan a someterse es un viejo truco de los dictadores. En el plazo de un año y medio se organizará una fuerza política con la ideología del Movimiento 26 de Julio. Entonces habrá elecciones y el nuevo partido competirá con los demás partidos democráticos».
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Publicado Diario Las Americas
Edición del 22 de Agosto, 1997
Actualidad Internacional
Viva el Che muerto
Por William F. Buckley, Jr.
El Che Guevara tiene mucho más éxito muerto que vivo. El 9 de octubre de
1967, llevaba 11 meses tratando de llevar la revolución a Bolivia. El y
su pequeño pelotón se las habían arreglado para no reclutar ni un solo
seguidor entre el campesinado boliviano. Todo lo que habían podido
hacer, antes de que finalmente se vieran acorralados, fue matar a unos
50 civiles y soldados, en su mayoría mediante emboscadas. No es ése un
buen camino cuando el ideal es la revolución en toda la América del Sur
para formar un solo estado comunista.
El Coronel Joaquín Zenteno estaba al mando cuando el Che fue herido y
capturado, junto a dos de los suyos; los demás murieron en el combate.
Fue una captura bastante significativa, aunque el Che distaba mucho de
ser la Estatua de la Antilibertad que es en este momento.
Por supuesto, ya había combatido y tenido éxito junto a Fidel Castro en
la Sierra Maestra de Cuba, en 1959. Había sido miembro del Gabinete de
Castro. Pero era un alma inquieta y, después de escribir un cuaderno
titulado "Guerra de Guerrillas" , empezó a recorrer las capitales
europeas y durante meses trató de estimular la revolución en el Congo.
El rumor entre los cognoscenti era que Castro quería deshacerse de él,
en parte debido al natural carisma del asmático fumador en pipa
-aficionado a las boinas, lector de poemas y doctor en medicina - con su
sonrisa socarrona y su peinado a lo Beattle. Todo eso resultaba
irritante a Castro, que no cree en eso de compartir el escenario, como
descubriera su hermano, entre otros. De modo que cuando el Che dio a
conocer su intención de partir para colonizar a toda la América Latina
en nombre de la revolución, Castro fue fácilmente persuadido de que
debía dejarlo salir de Cuba.
Cuando el Che fue capturado, en el alto mando boliviano se planteó de
inmediato la interrogante: ¿Qué hacer con él? Fue llevado a una pequeña
escuela de La Higuera, en donde vivían 175 campesinos, con caminos de
tierra y electricidad intermitente.
El General René Barrientos, Presidente de Bolivia, ya había lidiado con
Regis Debray. Debray era un joven anarco-comunista francés que, al
estilo de Fred el Rojo, de Alemania; y del Che Guevara trataba de librar
al mundo del capitalismo, los militares y las libertades civiles, y fue
capturado en plena actividad terrorista. Ese mismo año había sido
juzgado en Bolivia, un juicio que sirvió para organizar las fuerzas de
la izquierda internacional, precipitando una larga filípica del filósofo
Bertrand Russell, que arremetía contra todo el que calificara a Regis
Debray de criminal de guerra.
Barrientos no quería más de eso y, por consiguiente, dio instrucciones a
Zenteno de que interrogara a Guevara al día siguiente y, después, lo
ejecutara.
Cuando, la tarde anterior, el Che se encontró frente a un soldado que
pudo haberlo matado a quemarropa, le gritó: "No dispare No dispare Yo
soy el Che Guevara y valgo para usted mucho más vivo que muerto" . Pero
a la mañana siguiente se dio cuenta de que el alto mando boliviano no
estaba de acuerdo en que Guevara era más valioso vivo.
Hacia el fin del interrogatorio escuchó cuatro disparos provenientes de
la habitación contigua. "Ahí van Willy y Aniceto" , observó,
refiriéndose a los dos prisioneros sobrevivientes. El sargento encargado
de ejecutarlo preguntó si el Che sería lo suficientemente gentil como
para dejarle su famosa pipa. El Che le dijo algo irreverente. El no
asumió una actitud muy cristiana hacia los que habrían de ejecutarlo.
El Che Guevara había tenido sus propias dificultades con guerrillas. En
Camagüey, Cuba, en 1962, operaba un movimiento guerrillero
anticastrista. Cuando los guerrilleros fueron capturados, el Che Guevara
estaba al mando de los militares y el Che dio orden de ejecutar a los
guerrilleros.
Pero ahora, los mismos campesinos que no quisieron ayudar al Che vivo, y
que incluso dijeron a los militares dónde podían encontrarlo, hablan con
veneración del "Santo Che" . Su busto se levanta en la plaza de La
Higuera, junto a fotografías colocadas en altares provisionales del Papa
Juan Pablo II e imágenes de Jesús.
La publicidad no se detiene ahí, se encuentran imágenes del Che en
relojes Swatch, una cerveza inglesa, ropas, esquíes, un sitio del Web,
un disco compacto de rock, y cinco biografías, además de los anuncios de
seis películas.
"Los grandes sueños se realizan con grandes sacrificios" , dijo la hija
mayor del Che en la ceremonia que tuvo lugar en La Habana cuando se
recibieron los huesos del Che, enviados por avión. Ella terminó su
discurso con las palabras con que su padre terminaba los suyos: "Hasta
la victoria siempre. Patria o muerte" .
La patria del Che era, de acuerdo con su lugar de nacimiento, Argentina;
de acuerdo con su ideología, la Unión Soviética. Sus huesos descansan en
uno de los tres países que quedan que todavía se guían por su credo.
(c) 1997 Universal Press
El Nuevo Herald
VICENTE ECHERRI
Juntan cadáveres
Esta interpretación crítica de la obra de Ernesto ``Che'' Guevara tiene como telón de fondo los huesos que han viajado de Bolivia a Cuba y que han sido homenajeados como los del Che. Tal vez no habrían podido llegar en mejor momento a la isla: ella misma está en los huesos.
La exhumación del esqueleto de Ernesto Guevara (alias ``Che'') ocurrida hace unos días junto a la pista del aeropuerto de Vallegrande, Bolivia, y el envío de los restos del famoso guerrillero comunista a Fidel Castro, que sobrevive sobre un montón de cadáveres con los ropajes harapientos de una ideología putrefacta y que en medio de una nación moribunda recibe ahora como trofeo de sus aventuras los restos del Che, parece cosa de teatro, tiene la simetría de una puesta en escena.
Guevara, un joven médico argentino en los años 50, intoxicado de lecturas marxistas, conoció a Castro en México y se asoció a éste en la aventura que culminaría en la más larga dictadura de este continente. Entre los sobrevivientes del naufragio del yate Granma, que llevaría a los aventureros hasta las costas del Oriente cubano, estaba el Che, cuyo fanatismo Castro utilizaría años después, ya en el poder, para sus sangrientas correrías tercermundistas. Hacia mediados de los años 60, Che Guevara era el diligente ejecutor de la subversión comunista que Castro promovía en medio mundo. Cuando lo matan en Bolivia en 1967, empezaba a convertirse en un estorbo, un discípulo un poco independiente que, una vez muerto, Castro enarbolaría como bandera. La leyenda del Che, distorsionada por panegiristas del leninismo romántico, ha oscurecido y suplantado, como siempre ocurre, al individuo real: el político mediocre, el administrador torpe, el condotiero intolerante y sanguinario.
Los cubanos fuimos las primeras víctimas de este facineroso que, desde la jefatura de la fortaleza de La Cabaña hizo fusilar a cientos de personas condenadas por ilícitos tribunales de sangre con los que Castro inauguró el terror, o incluso sin que mediara juicio alguno. Después, desde la jefatura del Banco Nacional, donde Castro lo puso para aterrar al capital, y por el aura de austeridad que lo envolvía, aceleró la ruina de la economía cubana, que ayudaría a acentuar posteriormente como ministro de Industria. Era un incompetente grave, capaz de decir y hacer los mayores despropósitos en tono solemne. Como buen leninista, Guevara creía en la asepsia social del asesinato político. A los pequeños enemigos de un proceso magno simplemente se les suprime, la Revolución (con mayúscula) no puede andar con blandenguerías cristianas cuando está en juego la felicidad ulterior de toda la humanidad. El guerrillero comunista es ``una fría máquina de matar''.
Como guerrillero él también fue un fracaso: derrotado en Africa y abandonado, prisionero y muerto en Sudamérica, donde soñaba con repetir la ``hazaña'' de Castro, sin percatarse de que el castrismo triunfó accidentalmente gracias a la corrupción de un mando militar que esperaba avenirse con un nuevo gobierno de muchachos burgueses. Con la transitoria excepción de Nicaragua, la guerrilla comunista, pese a algún momento de auge, no pasaría de ser una cruenta e inútil aventura sobre la que terminaría consolidándose la desacreditada democracia capitalista. El Che quedaría para adornar las camisetas de revolucionarios de café y las pancartas de algunos ilusos que deploran el naufragio de las utopías.
Castro, entre tanto, se dedicó a agotar el proyecto revolucionario llevándolo hasta sus últimas consecuencias. Su larga permanencia en el poder ha permitido demostrar que debajo de la novedad que propone el discurso radical de la revolución no hay más que un despotismo de viejo cuño; que no existen ideologías sanas asociadas con el poder absoluto; que el líder carismático que barre las instituciones en nombre de un gran sueño no es más que un gángster, y que el joven incorruptible de los comienzos, si está en el mando el tiempo suficiente, no dejará de convertirse en un multimillonario vulgar.
A treinta años de su muerte, como despojo de otra época, han descubierto los huesos del Che y se los han mandado a Castro, último coleccionista de este sueño deshecho en que coinciden el fervoroso antiyanquismo latinoamericano con la aplicada práctica marxista. El reencuentro es patético y caricaturesco. La osamenta del ``guerrillero heroico'' vuelve a Cuba cuando todo el país también está en los huesos y empieza a sentirse el ruido de petardos en el fondo. ¿Podría haberse pensado en un final mejor?
Publicado en el Diario las Americas
EDITORIAL
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Publicado Diario Las Americas
Edición del 22 de Agosto, 1997
Actualidad Internacional
Viva el Che muerto
Por William F. Buckley, Jr.
El Che Guevara tiene mucho más éxito muerto que vivo. El 9 de octubre de
1967, llevaba 11 meses tratando de llevar la revolución a Bolivia. El y
su pequeño pelotón se las habían arreglado para no reclutar ni un solo
seguidor entre el campesinado boliviano. Todo lo que habían podido
hacer, antes de que finalmente se vieran acorralados, fue matar a unos
50 civiles y soldados, en su mayoría mediante emboscadas. No es ése un
buen camino cuando el ideal es la revolución en toda la América del Sur
para formar un solo estado comunista.
El Coronel Joaquín Zenteno estaba al mando cuando el Che fue herido y
capturado, junto a dos de los suyos; los demás murieron en el combate.
Fue una captura bastante significativa, aunque el Che distaba mucho de
ser la Estatua de la Antilibertad que es en este momento.
Por supuesto, ya había combatido y tenido éxito junto a Fidel Castro en
la Sierra Maestra de Cuba, en 1959. Había sido miembro del Gabinete de
Castro. Pero era un alma inquieta y, después de escribir un cuaderno
titulado "Guerra de Guerrillas" , empezó a recorrer las capitales
europeas y durante meses trató de estimular la revolución en el Congo.
El rumor entre los cognoscenti era que Castro quería deshacerse de él,
en parte debido al natural carisma del asmático fumador en pipa
-aficionado a las boinas, lector de poemas y doctor en medicina - con su
sonrisa socarrona y su peinado a lo Beattle. Todo eso resultaba
irritante a Castro, que no cree en eso de compartir el escenario, como
descubriera su hermano, entre otros. De modo que cuando el Che dio a
conocer su intención de partir para colonizar a toda la América Latina
en nombre de la revolución, Castro fue fácilmente persuadido de que
debía dejarlo salir de Cuba.
Cuando el Che fue capturado, en el alto mando boliviano se planteó de
inmediato la interrogante: ¿Qué hacer con él? Fue llevado a una pequeña
escuela de La Higuera, en donde vivían 175 campesinos, con caminos de
tierra y electricidad intermitente.
El General René Barrientos, Presidente de Bolivia, ya había lidiado con
Regis Debray. Debray era un joven anarco-comunista francés que, al
estilo de Fred el Rojo, de Alemania; y del Che Guevara trataba de librar
al mundo del capitalismo, los militares y las libertades civiles, y fue
capturado en plena actividad terrorista. Ese mismo año había sido
juzgado en Bolivia, un juicio que sirvió para organizar las fuerzas de
la izquierda internacional, precipitando una larga filípica del filósofo
Bertrand Russell, que arremetía contra todo el que calificara a Regis
Debray de criminal de guerra.
Barrientos no quería más de eso y, por consiguiente, dio instrucciones a
Zenteno de que interrogara a Guevara al día siguiente y, después, lo
ejecutara.
Cuando, la tarde anterior, el Che se encontró frente a un soldado que
pudo haberlo matado a quemarropa, le gritó: "No dispare No dispare Yo
soy el Che Guevara y valgo para usted mucho más vivo que muerto" . Pero
a la mañana siguiente se dio cuenta de que el alto mando boliviano no
estaba de acuerdo en que Guevara era más valioso vivo.
Hacia el fin del interrogatorio escuchó cuatro disparos provenientes de
la habitación contigua. "Ahí van Willy y Aniceto" , observó,
refiriéndose a los dos prisioneros sobrevivientes. El sargento encargado
de ejecutarlo preguntó si el Che sería lo suficientemente gentil como
para dejarle su famosa pipa. El Che le dijo algo irreverente. El no
asumió una actitud muy cristiana hacia los que habrían de ejecutarlo.
El Che Guevara había tenido sus propias dificultades con guerrillas. En
Camagüey, Cuba, en 1962, operaba un movimiento guerrillero
anticastrista. Cuando los guerrilleros fueron capturados, el Che Guevara
estaba al mando de los militares y el Che dio orden de ejecutar a los
guerrilleros.
Pero ahora, los mismos campesinos que no quisieron ayudar al Che vivo, y
que incluso dijeron a los militares dónde podían encontrarlo, hablan con
veneración del "Santo Che" . Su busto se levanta en la plaza de La
Higuera, junto a fotografías colocadas en altares provisionales del Papa
Juan Pablo II e imágenes de Jesús.
La publicidad no se detiene ahí, se encuentran imágenes del Che en
relojes Swatch, una cerveza inglesa, ropas, esquíes, un sitio del Web,
un disco compacto de rock, y cinco biografías, además de los anuncios de
seis películas.
"Los grandes sueños se realizan con grandes sacrificios" , dijo la hija
mayor del Che en la ceremonia que tuvo lugar en La Habana cuando se
recibieron los huesos del Che, enviados por avión. Ella terminó su
discurso con las palabras con que su padre terminaba los suyos: "Hasta
la victoria siempre. Patria o muerte" .
La patria del Che era, de acuerdo con su lugar de nacimiento, Argentina;
de acuerdo con su ideología, la Unión Soviética. Sus huesos descansan en
uno de los tres países que quedan que todavía se guían por su credo.
(c) 1997 Universal Press
El Nuevo Herald
VICENTE ECHERRI
Juntan cadáveres
Esta interpretación crítica de la obra de Ernesto ``Che'' Guevara tiene como telón de fondo los huesos que han viajado de Bolivia a Cuba y que han sido homenajeados como los del Che. Tal vez no habrían podido llegar en mejor momento a la isla: ella misma está en los huesos.
La exhumación del esqueleto de Ernesto Guevara (alias ``Che'') ocurrida hace unos días junto a la pista del aeropuerto de Vallegrande, Bolivia, y el envío de los restos del famoso guerrillero comunista a Fidel Castro, que sobrevive sobre un montón de cadáveres con los ropajes harapientos de una ideología putrefacta y que en medio de una nación moribunda recibe ahora como trofeo de sus aventuras los restos del Che, parece cosa de teatro, tiene la simetría de una puesta en escena.
Guevara, un joven médico argentino en los años 50, intoxicado de lecturas marxistas, conoció a Castro en México y se asoció a éste en la aventura que culminaría en la más larga dictadura de este continente. Entre los sobrevivientes del naufragio del yate Granma, que llevaría a los aventureros hasta las costas del Oriente cubano, estaba el Che, cuyo fanatismo Castro utilizaría años después, ya en el poder, para sus sangrientas correrías tercermundistas. Hacia mediados de los años 60, Che Guevara era el diligente ejecutor de la subversión comunista que Castro promovía en medio mundo. Cuando lo matan en Bolivia en 1967, empezaba a convertirse en un estorbo, un discípulo un poco independiente que, una vez muerto, Castro enarbolaría como bandera. La leyenda del Che, distorsionada por panegiristas del leninismo romántico, ha oscurecido y suplantado, como siempre ocurre, al individuo real: el político mediocre, el administrador torpe, el condotiero intolerante y sanguinario.
Los cubanos fuimos las primeras víctimas de este facineroso que, desde la jefatura de la fortaleza de La Cabaña hizo fusilar a cientos de personas condenadas por ilícitos tribunales de sangre con los que Castro inauguró el terror, o incluso sin que mediara juicio alguno. Después, desde la jefatura del Banco Nacional, donde Castro lo puso para aterrar al capital, y por el aura de austeridad que lo envolvía, aceleró la ruina de la economía cubana, que ayudaría a acentuar posteriormente como ministro de Industria. Era un incompetente grave, capaz de decir y hacer los mayores despropósitos en tono solemne. Como buen leninista, Guevara creía en la asepsia social del asesinato político. A los pequeños enemigos de un proceso magno simplemente se les suprime, la Revolución (con mayúscula) no puede andar con blandenguerías cristianas cuando está en juego la felicidad ulterior de toda la humanidad. El guerrillero comunista es ``una fría máquina de matar''.
Como guerrillero él también fue un fracaso: derrotado en Africa y abandonado, prisionero y muerto en Sudamérica, donde soñaba con repetir la ``hazaña'' de Castro, sin percatarse de que el castrismo triunfó accidentalmente gracias a la corrupción de un mando militar que esperaba avenirse con un nuevo gobierno de muchachos burgueses. Con la transitoria excepción de Nicaragua, la guerrilla comunista, pese a algún momento de auge, no pasaría de ser una cruenta e inútil aventura sobre la que terminaría consolidándose la desacreditada democracia capitalista. El Che quedaría para adornar las camisetas de revolucionarios de café y las pancartas de algunos ilusos que deploran el naufragio de las utopías.
Castro, entre tanto, se dedicó a agotar el proyecto revolucionario llevándolo hasta sus últimas consecuencias. Su larga permanencia en el poder ha permitido demostrar que debajo de la novedad que propone el discurso radical de la revolución no hay más que un despotismo de viejo cuño; que no existen ideologías sanas asociadas con el poder absoluto; que el líder carismático que barre las instituciones en nombre de un gran sueño no es más que un gángster, y que el joven incorruptible de los comienzos, si está en el mando el tiempo suficiente, no dejará de convertirse en un multimillonario vulgar.
A treinta años de su muerte, como despojo de otra época, han descubierto los huesos del Che y se los han mandado a Castro, último coleccionista de este sueño deshecho en que coinciden el fervoroso antiyanquismo latinoamericano con la aplicada práctica marxista. El reencuentro es patético y caricaturesco. La osamenta del ``guerrillero heroico'' vuelve a Cuba cuando todo el país también está en los huesos y empieza a sentirse el ruido de petardos en el fondo. ¿Podría haberse pensado en un final mejor?
Publicado en el Diario las Americas
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Escrito desde Dec 5, 2003, 4:44 PM de la dirección IP 24.232.75.85