ERNESTO GUEVARA de la SERNA, el ché.........

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Ernesto Guevara de la Serna (el ''ché'')
El Che Guevara es uno de los principales mitos de la izquierda y meterse con el imaginario derivado de esta figura puede ser algo particularmente complicado con un colectivo político -la izquierda mundial- cuyo principal capital real está precisamente en lo simbólico y en lo mítico. El revolucionario inconcebiblemente desprendido, valiente y feroz combatiente pero incapaz de emboscar a un camión enemigo porque en él sólo iba un soldado durmiendo; el rebelde que luchó por establecer un nuevo régimen pero que no se manchó las manos para conservarlo sino que peleó por llevarlo a otras latitudes; el guerrillero permanente que llenaba de dolores de cabeza a Fidel Castro, Raúl y sus otros hermanos de armas que prefirieron gobernar; todo esto y mucho más contiene la famosa imagen del rostro de Guevara sacada accidentalmente en una manifestación en La Habana. Esto es lo que todos más o menos conocen, lo que Diarios de motocicleta, dirigida por Walter Salles y producida por Robert Redford, intenta explicar a partir del viaje que el entonces Ernesto Guevara De la Serna realizó por Sudamérica con su amigo Alberto Granado. Pronto veremos si es un intento irresponsable o no, como siempre fue su destino ideologico aparentemente ''Revolucionarios'' o caprichos de niño malcriado........
Richard Dido ensayista suizo, admirador de Ernesto Guevara, acaba de publicar su Biografía del Ché. A fin de enriquecer aportaciones sobre el guerrilero argentino, me permito acotar informes pertinentes.
En enero de mil novecientos cincuenta y nueve trabajé a las órdenes del
conocido dirigente en la Comisión Depuradora, Columna Ciro Redondo, fortaleza de La Cabaña. Recién graduado de abogado y con el entusiasmo propio de quien ve a su generación subir al poder. Formé parte del cuerpo instructor de expedientes por delitos cometidos durante el gobierno anterior, asesinatos, malversaciones, torturas, delaciones, etc. Por mi escritorio pasaron expedientes de acusados como el comandante Alberto Boix Coma, quien reportaba los partes de guerra gubernamentales y Otto Meruelo, periodista. La mayoría de los encartados eran militares de baja graduación, y políticos sin relieve ni carisma.

Por su parte, los testigos fueron jóvenes fogosos, revanchistas, ilusos o pícaros deseosos de ganar méritos revolucionarios. Recuerdo a un teniente apellidado Llivre, de acento oriental, que me azuzaba. "Hay que dar el chou, traer de testigos a revolucionarios de verdad, que se paren ante el tribunal y pidan a gritos; justicia, justicia, paredón, esbirros.. Esto mueve a la gente." El entonces comisionado por Marianao, una vez nos exhortó, " A éstos hay que arrancarles la cabeza, a todos."
De inicio componíamos los tribunales letrados civiles y militares, bajo la
dirección del capitán Mike Duque Estrada y los tenientes, Sotolongo, Estevez, Rivero que terminó loco y los fiscales Tony Suárez de la Fuente, Pelayito apellidado "paredón o charco de sangre," entre otros, quienes en su casi totalidad desertamos a causa de los excesos a la vista.
Posteriormente aforados sin instrucción legal, ocuparon nuestros puestos. Hubo familiares de víctimas del anterior régimen a quienes cupo juzgar a los victimarios. Entre ellos, el capitán Oscar Alvarado, cuyo hijo
Oscarito, fuera horriblemente ultimado por paramilitares. Pero Alvarado dejó un rastro de cordura y equidistancia a la hora de dictar sentencias.

El primer procesado que tuve ante mis ojos se llamaba Ariel Lima,
exrevolucionario pasado al bando gubernamental, su suerte estaba echada; vestía de preso, lo vi esposado y los dientes le temblaban. De acuerdo a la ley de la Sierra, se juzgaban hechos sin consideración de principios jurídicos generales. El derecho de Habeas Corpus había sido suprimido.
Las declaraciones del oficial investigador constituían pruebas irrefutables. El abogado defensor limitaba su acción a admitir las acusaciones aunque invocando la generosidad del gobierno, solicitaba una disminución de la condena. Por aquellos días Guevara era visible con su boina negra, tabaco ladeado, rostro cantinflesco, y brazo en cabestrillo.

Estaba sumamente delgado y en el hablar pausado y frío, dejaba entrever su "posse" de eminencia gris y total sujección a la teoría marxista. En su despacho, se reunían numerosas personas discutiendo acaloradamente sobre la marcha del
proceso revolucionario. Sin embargo, su conversación solía cargarse de ironía, nunca mostró alteración de temperamento y tampoco atendía criterios dispares. A más de un colega lo amonestó en privado, en público a todos: su consigna era de dominio público. "No demoren las causas, esto es una revolución, no usen métodos legales burgueses, las pruebas son secundarias. Hay que proceder por convicción. Es una pandilla de crimnales, asesinos. Además, recuerden que hay un tribunal de Apelación."
El tribunal nunca declaró con lugar un recurso, confirmaba las sentencias de oficio y lo presidía el comandante Ernesto Guevera Serna.

Las ejecuciones tenían lugar de madrugada. Una vez dictada la sentencia, los familiares y allegados estallaban en llantos de horror, súplicas de piedad para sus hijos, esposos etc. La desesperación y el terror cundían por la sala. A numerosas mujeres hubo que sacarlas a la fuerza del recinto. El siguiente paso era la capilla ardiente donde por última vez se abrazaban unidos por el dolor. Aquellos abrazos por minutos parecían preludiar un largo viaje. Al quedarse solos hubo quien se resistió hasta el instante de la descarga, otros iban anonadados, trémulos, abismados; un policía como última merced solicitó que le dejaran orinar, varios sentenciados ese día conocieron qué era un sacerdote, más de uno murió proclamando "soy inocente." Un bravo capitán dirigió su propia ejecución.
Presenciar aquella carnicería a manos de bisoños y lombrosianos, fue un trauma que me acompañará hasta la tumba y tengo por misión divulgar hasta la tumba, a los cuatro vientos.

Durante aquellas horas los muros del imponente castillo medieval recogieron los ecos de las marchas en pelotón, rastrillar de los fusiles, voces de mando, el retumbar de las descargas, los aullidos lastimeros de los moribundos, el vocinglerío de oficiales y guardias al ultimarlos. El silencio macabro cuando todo se había consumado.
Frente al paredón huellado por las balas, atados al poste, quedaban los cuerpos agonizantes, tintos en sangre y paralizados en posiciones
indescritibles; manos crispadas, expresiones adoloridas, de asombro, quijadas desencajadas, un hueco donde antes hubo un ojo. Parte de los cadáveres con la cabeza destrozada y sesos al aire a causa del tiro de gracia.

De lunes a sábado se fusilaban entre uno y siete prisioneros por jornada;
fluctuando el número conforme a las protestas diplomáticas e
internacionales. Las penas capitales estaban reservadas a Fidel, Raúl, Ché y en casos menores al tribunal o al Partido Comunista. Cada integrante de pelotón cobraba quince pesos por ejecución y era considerado combatiente.
A los oficiales les correspondían veinticinco. En la provincia de Oriente se aplicaron penas máximas sumarísima y profusamente; pero no poseo cifras confiables. Presumo que algunos cálculos son exagerados. Aunque en total en La Cabaña, hasta el mes de junio de aquel año, debieron fusilarse no menos de seiscientos reos, más un número indefinido de condenas a prisión, producto de una lucha en que murieron unas cuatro mil personas entre ambos bandos.
En contraste, como resultado de la Segunda Guerra Mundial, donde entre bajas en frentes de batalla, campos de concentración, bombardeos, etc, se calculan cuarenta millones de víctimas.

Sin embargo, en los procesos de Neurenberg la pena capital únicamente se aplicó a doce criminales de guerra. Posteriormente otros tres o cuatro casos, fueron ajusticiados en Israel.
Estos datos sucintos serían útiles al señor Dido o Dindo tanto en aras de cierto balance en el libro, como para ilustración personal en torno a su apologado.

''El Che Guevara tiene mucho más éxito muerto que vivo''.

El 9 de octubre de 1967, llevaba 11 meses tratando de llevar la revolución a Bolivia.
El y su pequeño pelotón se las habían arreglado para no reclutar ni un solo seguidor entre el campesinado boliviano. Todo lo que habían podido hacer, antes de que finalmente se vieran acorralados, fue matar a unos 50 civiles y soldados, en su mayoría mediante emboscadas.
No es ése un buen camino cuando el ideal es la revolución en toda la América del Sur para formar un solo estado comunista.
Por supuesto, ya había combatido y tenido éxito junto a Fidel Castro en la Sierra Maestra de Cuba, en 1959. Había sido miembro del Gabinete de Castro. Pero era un alma inquieta y, después de escribir un cuaderno titulado "Guerra de Guerrillas" , empezó a recorrer las capitales europeas y durante meses trató de estimular la revolución en el Congo.

El rumor entre los cognoscenti era que Castro quería deshacerse de él, en parte debido al natural carisma del asmático fumador en pipa -aficionado a las boinas, lector de poemas y doctor en medicina - con su sonrisa socarrona y su peinado a lo Beattle. Todo eso resultaba irritante a Castro, que no cree en eso de compartir el escenario, como descubriera su hermano, entre otros. De modo que cuando el Che dio a conocer su intención de partir para colonizar a toda la América Latina en nombre de la revolución, Castro fue fácilmente persuadido de que debía dejarlo salir de Cuba.

Cuando el Che fue capturado, en el alto mando boliviano se planteó de
inmediato la interrogante: ¿Qué hacer con él?. Fue llevado a una pequeña escuela de La Higuera, en donde vivían 175 campesinos, con caminos de tierra y electricidad intermitente.

El General René Barrientos, Presidente de Bolivia, ya había lidiado con Regis Debray. Debray era un joven anarco-comunista francés que, al estilo de Fred el Rojo, de Alemania; y del Che Guevara trataba de librar al mundo del capitalismo, los militares y las libertades civiles, y fue capturado en plena actividad terrorista. Ese mismo año había sido juzgado en Bolivia, un juicio que sirvió para organizar las fuerzas de la izquierda internacional, precipitando una larga filípica del filósofo Bertrand Russell, que arremetía contra todo el que calificara a Regis Debray de criminal de guerra.
Barrientos no quería más de eso y, por consiguiente, dio instrucciones a Zenteno de que interrogara a Guevara al día siguiente y, después, lo
ejecutara.

Cuando, la tarde anterior, el Che se encontró frente a un soldado que
pudo haberlo matado a quemarropa, le gritó: "No dispare No dispare Yo soy el Che Guevara y valgo para usted mucho más vivo que muerto" . Pero a la mañana siguiente se dio cuenta de que el alto mando boliviano no estaba de acuerdo en que Guevara era más valioso vivo.
Hacia el fin del interrogatorio escuchó cuatro disparos provenientes de la habitación contigua. "Ahí van Willy y Aniceto" , observó,
refiriéndose a los dos prisioneros sobrevivientes. El sargento encargado de ejecutarlo preguntó si el Che sería lo suficientemente gentil como para dejarle su famosa pipa. El Che le dijo algo irreverente. El no asumió una actitud muy cristiana hacia los que habrían de ejecutarlo.


El Che Guevara había tenido sus propias dificultades con guerrillas. En Camagüey, Cuba, en 1962, operaba allí un movimiento guerrillero anticastrista. Cuando los guerrilleros fueron capturados, el Che Guevara estaba al mando de los militares y el Che dio orden de ejecutar a todos los guerrilleros.

Pero ahora en la misma Bolivia, y los mismos campesinos que no quisieron ayudar al Che vivo, y que incluso dijeron a los militares dónde podían encontrarlo, hablan con veneración del...................
"Santo Che" . Y que jamás hubo optenido un título de médico en la Universidad de Argentina y sus diarios en Bolivia todos falsificados en Cuba, ahora sus feligreses nacidos por la ''Fé'' de fotografias, leyendas de propagandas, sin conocerlo y mucho menos haberlo oido se proponen una liturgia.

Su busto se levanta en la plaza de La
Higuera, junto a fotografías colocadas en altares provisionales del Papa Juan Pablo II, e imágenes de Jesús.




Escrito desde Feb 22, 2005, 8:43 AM
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