Ciudad de México, 1 de octubre. Inspiración se encuentra en las salas cinematográficas del país, nada menos que con 150 copias y el apoyo incondicional de la distribuidora Twentieth Century Fox.
Hace ya más de seis meses que comenzó la promoción de la cinta Inspiración y, finalmente, este fin de semana el experimento regiomontano se encuentra en las salas cinematográficas del país, nada menos que con 150 copias y el apoyo incondicional de la distribuidora Twentieth Century Fox.
Con una historia sencilla, que se mueve en el mar de la comedia romántica sin grandes aspiraciones más que “entretener”, a decir de todos los involucrados, Bárbara Mori y Arath de la Torre se asoman al selecto grupo de los actores mexicanos que pueden ver su rostro, su trabajo y hasta sus fallas a gran escala, en la pantalla grande, pues.
Mori y De la Torre incursionan así en un medio largamente anhelado pero que, a decir de los resultados en pantalla, quizá no les abra las puertas definitivamente, a menos que la respuesta del público en taquilla a su romance cinematográfico sea mejor que la película misma.
Y es que los chicos no están mal... Ni exageradamente bien, pero con todo, son algo de lo más rescatable de esta cinta, hecha por su director veinteañero, Ángel Mario Huerta, con mucha Inspiración pero poco conocimiento del lenguaje cinematográfico y de los elementos a tomarse en cuenta para hacer una película, digamos, bien hecha.
Huerta, comunicólogo de profesión y cineasta por Inspiración, confesó en sus primeras entrevistas, hace ya varios meses, que sus conocimientos sobre dirección de cine eran bastante limitados y se autodenominó “autodidacta”, adjetivo que debería cambiar por el de “improvisado”, si es que quiere rayar la honestidad.
Lamentablemente, su espontaneidad no le da el talento, el oficio o siquiera el tino que muchos obtienen con la experiencia, así que sin la menor idea de dónde colocar un reflector, entrega una película donde el guión simplista, facilón, cursi y lleno de referencias de repostería —con los clásicos pastelazos gestados en la televisión—, es increíblemente lo más rescatable del producto.
Pero muchas veces la suerte puede más que años de estudio, y la capacidad de negociación atrae más dinero que el curriculum, ventajas que le sirvieron a Huerta y a su amigo y productor Rogelio González para conseguir la nada despreciable cantidad de un millón 300 mil dólares para levantar este proyecto cinematográfico.
Este mérito, aunado a la corta edad de Huerta y González —ninguno de los dos alcanza los 25 años—, hacen de Inspiración una cinta digna de verse, al menos por curiosidad y con la salvedad de saber que su promesa de entregar “una comedia romántica con la calidad de las que se hacen en Hollywood”, según habría dicho Huerta hace seis meses, es simplemente autocomplacencia.
Después de verla, extraña la manera en que se le ha apoyado y promocionado como lo nuevo, nuevo, nuevo del cine mexicano. Lo más joven y fresco, pues, acentuando siempre el hecho de ser producto de un esfuerzo norteño.
Parece, entonces, que tanta porra y tanto aplauso gratuitos son e l precio que el cine nacional, todavía en terapia intensiva luego de un largo periodo de sequía y lucha, está pagando por ser, como todo en este país, una industria centralizada.
Posted on Oct 2, 2001, 5:09 PM from IP address 193.91.73.78