«Señor: Dame una buena digestión y naturalmente alguna cosa que digerir. Dame la salud del cuerpo con el buen humor necesario para mantenerla. Dame un alma sana, Señor, que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro, de manera que frente al pecado no me escandalice, sino que sepa encontrar la forma de ponerle remedio. Dame un alma que no conozca el aburrimiento, los refunfuños, los suspiros y los lamentos y no permitas que me tome demasiado en serio esa cosa tan invasora que se llama "yo". Dame el sentido del humorismo, dame el don de saber reír de un chiste, a fin de que sepa traer un poco de alegría a la vida y hacer partícipes a los otros. Amén». Tomás Moro (1478-1535)

Santo Tomás Moro, ruega por nosotros.

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Una versión apócrifa

by Juan Manuel

 
En primer lugar, quiero aclarar que no entiendo muy bien a dónde quiere llegar el señor Fdez. de la Cigoña con este texto en un foro cuya cabecera es “católicos con vocación política”, y no “aficionados a la historia contemporánea”. Si nuestro querido co-forero nos ilustrase al respecto, muchos quedaríamos agradecidos. ¿Quiere llegar, por ventura, a la conclusión de que José Bonaparte (Pepe Botella) fue un rey legítimo?

En segundo lugar, y yendo al cuerpo del mensaje, éste no puede ser más desafortunado. La cita de Artola, que como bien recuerda Fdez. de la Cigoña, es liberal, hace agua en toda su extensión, y destila falsedad por cada letra.

¿Por qué? Veamos: en ella dice que la renuncia de Fernando VII es “hasta cierto punto justificable desde un punto de vista legal, supuesta la violencia de los sucesos de Aranjuez y el deseo de Carlos IV de volver al trono”. No se puede ser más manipulador. La verdad es que Fernando VII “renunció” al trono bajo amenaza de muerte del mismo Napoleón, que advirtió al monarca a través de Murat que si no reconocía a su padre “entes de medianoche” (después de que el propio Fernando VII había entrado triunfalmente en Madrid como Rey, lo que da idea de cual era su verdadera intención, y de haber sido llevado a Bayona con artimañas) sería tratado como un rebelde. Por lo tanto, esa “renuncia” (bajo coacción, contra la voluntad del firmante amenazado de muerte) es papel mojado. No tiene validez alguna. Y, siguiendo el hilo de la conversación que ha llevado a esta inserción por parte de Fdez. de la Cigoña, es decir al Infante Carlos María Isidro, la cosa es más clara aún. Si se pudiese objetar a Fernando VII en algún momento la “falta de resistencia” (claro que, a cualquiera habría que verlo amenazado de muerte, hasta donde llegaba su heroísmo), en el caso de su hermano menor es a todas luces innegable, pues hasta el último momento se negó a esta maniobra indigna, hasta el punto que en el mismo consejo celebrado en el castillo de Marrac, donde se les obligó a los infantes a estampar su firma, don Carlos María Isidro se resistió públicamente y a voz alzada, para dejar constancia de la invalidez del acto, conservando su dignidad de príncipe español. “¡Más vale morir que vivir sin honor. Yo no lo consiento!” exclamó hasta el último instante, en protesta por la manifiesta violación de derechos, cuando la espada francesa se apretaba contra su pecho. Esa renuncia se trata pues de un acto jurídico nulo a todo juicio. Como es un acto jurídico nulo, forzado, contra la voluntad del firmante, que lo expresó públicamente en todo momento y sólo accedió para salvar la vida. Esa renuncia, de facto, jamás existió.

Claro, se nos objetará, como ya se ha hecho por aquí, que el Infante “debería” haberse dejado matar. En primer lugar, la flaqueza (o la prudencia, mejor dicho) en un momento extremo, no es causa de exclusión dinástica. En segundo lugar, nos gustaría ver a los que tal objetasen en la misma situación, y en tercer lugar, la historia nos demuestra que Don Carlos acertó. Si no hubiese conservado su vida, ¿cómo podría haber acaudillado veintitantos años después al pueblo español contra el liberalismo que se instaló en la Patria? ¿Cómo habría sido el levantamiento católico en contra de los liberales sin una bandera dinástica de enganche? ¿Se habría conseguido, en fin, el freno constante (aunque no completo, por desgracia) a la Revolución en España, lo cual sólo ha conseguido el Carlismo? Gracias a que el entonces no todavía Carlos V salvó su vida, la Patria española ha podido disfrutar a poteriori de uno de los mejores Reyes que ha dado la historia, por su integridad personal, por su valía y por su defensa de la perpetua alianza entre Trono y Altar. Lástima que no llegó a recuperar el trono que le pertenecía por derecho. Quizás en ese caso estaríamos hablando ahora de una historia de España bien distinta, y menos desgraciada, estos últimos 170 años.




Escrito desde May 28, 2004, 12:24 PM

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