«Señor: Dame una buena digestión y naturalmente alguna cosa que digerir. Dame la salud del cuerpo con el buen humor necesario para mantenerla. Dame un alma sana, Señor, que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro, de manera que frente al pecado no me escandalice, sino que sepa encontrar la forma de ponerle remedio. Dame un alma que no conozca el aburrimiento, los refunfuños, los suspiros y los lamentos y no permitas que me tome demasiado en serio esa cosa tan invasora que se llama "yo". Dame el sentido del humorismo, dame el don de saber reír de un chiste, a fin de que sepa traer un poco de alegría a la vida y hacer partícipes a los otros. Amén». Tomás Moro (1478-1535)

Santo Tomás Moro, ruega por nosotros.

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José Manuel Vidal está tronado. Aqui es evidente, pero también en el resto de informacione

by Son de igual poco fiar

 
LA INQUISICION observó en sus obras delirios de visionaria e inclinaciones lésbicas
EL SOSPECHOSO AMOR DE TERESA

La Inquisición la tenía fichada por «alumbrada» (visionaria) y Santa Teresa de Jesús tuvo que comparecer ante uno de sus tribunales que, finalmente, la absolvió. Peor paradas salieron las obras de la santa, perseguidas con saña por los censores inquisitoriales.Metieron tijera a fondo en ellas. Arrancaron de cuajo muchas de sus hojas. Tacharon otras con grandes aspas. Hicieron que Teresa arrojase uno de sus libros entero al fuego y dejaron planear sobre ella y sus monjas la sospecha de lesbianismo.Lo cuenta José Manuel Vidal en El Mundo.


Teresa de Jesús

«Váyase con tiento», decía uno de los censores, refiriéndose a la santa de Avila y a sus disertaciones sobre el amor. Porque una de las cosas que más les preocupaba eran los capítulos que la santa dedica al amor entre sus primeras monjas. No son más de media docena de jóvenes reunidas en el carmelo pionero de San José de Avila, donde viven un «idilio místico». Teresa escribe, para ellas, un libro sobre el amor, atrevido para los censores, que sospechan una posible deriva lésbica.

Cuando Teresa dice cosas como éstas: «Lo importante es amarse, aunque sea con un amor imperfecto». Y añade: «El amor, si de veras es amor, es imposible esconderse». El censor no sólo hace arrancar la página, sino que anota en el muñón de la página: «Váyase con tiento».

La Inquisición nunca se fio de ella. Ni ella de la Inquisición.De hecho, teme ser delatada. «Iban a mí con mucho miedo a decirme que andaban los tiempos recios y que podría ser me levantasen algo y fuesen a los inquisidores», escribe en El libro de la vida.

Su primer encontronazo con la Inquisición lo tuvo en 1559, cuando se publica el Indice de libros prohibidos del inquisidor Fernando de Valdés. Siguiendo sus órdenes, los inquisidores desvalijan la pequeña biblioteca que Teresa tenía en el monasterio de la Encarnación y se llevan obras de... Fray Luis de Granada, San Juan de Avila o San Francisco de Borja. Ella escribe en su autobiografía: «Cuando se quitaron muchos libros de romance, yo lo sentí mucho».

En 1575, tuvo que comparecer ante la Inquisición en Sevilla, tras haber sido denunciada por una beata expulsada del convento.Los inquisidores fueron al carmelo a pedirle cuentas. «Pero la Santa se puso a dialogar con ellos y los convenció de su inocencia.Tenía tal poder de convicción que, hablando, era insuperable», explica el carmelita Tomás Alvarez, que acaba de publicar la edición facsimilar y paleográfica de los autógrafos de la santa (más de 2.000 páginas) conservados en el monasterio de El Escorial.

Menos fortuna tuvo con los censores, que examinaron sus escritos con lupa y dejaron abundante constancia de sus correcciones y sus tachaduras. Teresa escribió fundamentalmente cuatro grandes obras: El libro de la Vida, Camino de perfección, Castillo interior y el Libro de las Fundaciones. La Inquisición cuestiona el primero de ellos, la autobiografía de la santa, por tratar de «cosas místicas» y salir de la pluma de una «alumbrada».

Y no sólo lo cuestiona, sino que, estando ella todavía en Andalucía, la Inquisición de Madrid escribe al obispo de Avila, Alvaro de Mendoza, exigiéndole que entregue el manuscrito. Don Alvaro entrega el autógrafo de la obra y las copias que ha podido conseguir y el libro permanece en manos de los inquisidores. La santa muere en 1582 sin volver a verlo. Lo recupera Fray Luis de León en 1587. Y lo publica con sus cuatro largas páginas de censura al final, obra del teólogo salmantino Domingo Báñez.

El prestigioso teólogo de Salamanca redacta así su censura del libro: «Y en todo él no he hallado cosa que a mi juicio sea mala doctrina». La única pega que le pone es por la abundancia de revelaciones y visiones, «las cuales siempre son mucho de temer, especialmente en mujeres, que son más fáciles en creer que son de Dios y en poner en ellas la santidad». Y concluye con su veredicto final: «Esta mujer, a lo que muestra su relación, aunque ella se engañase en algo, a lo menos no es engañadora».

Pero no todos los censores fueron tan indulgentes. Otros tachan páginas enteras de sus libros, le hacen arrancar páginas y páginas o rehacerlas de «sana planta». O le obligan a redactar entero el Camino de perfección. Y Teresa, siempre obediente, lo hace.Pero conserva en la arquilla conventual de San José el cuaderno primero, que hoy se puede hojear en El Escorial.

Y ni siquiera la segunda redacción del libro fue del agrado del censor, que la obligó a arrancar las ocho páginas iniciales del capítulo 16 y tachó numerosos pasajes. Por ejemplo, en el capítulo tres, Teresa hace lo que hoy llamaríamos una «apología de la mujer» que reza así: «Los jueces del mundo, como son hijos de Adán, y en fin todos varones, no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa». El censor tachó todo este párrafo. Y lo tachó tan a fondo que, todavía hoy, hay una línea ilegible.

PACIFISTA

Teresa recuerda también que Felipe II ha reunido ejércitos para poner paz más allá de los Pirineos, y comenta que «con las armas no se conseguirá nada». El censor considera inapropiada la alusión y la tacha entera.

Además, la santa se lo ponía fácil a los censores. Su prosa, como explica el padre Tomás Alvarez, «es un castellano hablado en la calle. Escribe como habla». De ahí la claridad de sus opiniones.Por ejemplo, a San Juan de la Cruz le define como un «hombre celestial y divino». Cuando viene a verla desde México el padre Maldonado y le cuenta algunas de las atrocidades que cometen los conquistadores, ella escribe: «A veces parece que somos peor que bestias».

O cuando advierte a sus monjas que presten suma atención para que no se les cuele en los carmelos ninguna «melancólica», mujer histérica o con depresiones. O cuando se entera de que la Princesa de Éboli ha ingresado en el convento de Pastrana, tras la muerte de su marido, la santa sentencia: «Convento destruido». Al poco tiempo, sus monjas tiene que salir de noche y a hurtadillas hacia Segovia, porque no aguantan a la princesa. Una santa con carácter y sin pelos en la lengua. A pesar de la Inquisición.

LA SANTA. En el capítulo tres del Camino, Santa Teresa escribe: «¿No vasta, Señor, que nos tiene el mundo acorraladas, que no hagamos cosa que valga nada por Vos en público ni osemos hablar algunas verdades que lloramos en secreto? No lo creo yo, Señor, de vuestra bondad y justicia, que sois justo juez, y no como los jueces del mundo, que, como son hijos de Adán, y en fin todos varones, no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa». EL CENSOR. Lo tachó de forma que el texto resulta ilegible.

LA SANTA. Se refiere a la prohibición de libros por parte de la Inquisición y, aludiendo al Padrenuestro, dice irónicamente que «este libro no me lo podrán quitar». EL CENSOR. Advierte de la alusión a la Inquisición y anota: «Parece que reprende a los Inquisidores, que prohiben libro de oración».

LA SANTA. Recuerda a sus monjas que Felipe II «ha hecho armas» asegura que «con las armas no se remediará nada». EL CENSOR.Borra toda alusión a los ejércitos del rey.

LA SANTA. Introduce en sus obras una comparación basada en el juego del ajedrez. EL CENSOR. Arranca las ocho páginas «contaminadas» con esa «comparación bélica».

LA SANTA. Teresa dedica unos capítulos al amor que las hermanas se han de tener entre sí. EL CENSOR. Anota al margen: «Váyase con tiento» y la obliga a arrancar esa página.





Escrito desde May 30, 2004, 2:27 PM

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