«Señor: Dame una buena digestión y naturalmente alguna cosa que digerir. Dame la salud del cuerpo con el buen humor necesario para mantenerla. Dame un alma sana, Señor, que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro, de manera que frente al pecado no me escandalice, sino que sepa encontrar la forma de ponerle remedio. Dame un alma que no conozca el aburrimiento, los refunfuños, los suspiros y los lamentos y no permitas que me tome demasiado en serio esa cosa tan invasora que se llama "yo". Dame el sentido del humorismo, dame el don de saber reír de un chiste, a fin de que sepa traer un poco de alegría a la vida y hacer partícipes a los otros. Amén». Tomás Moro (1478-1535)

Santo Tomás Moro, ruega por nosotros.

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POLEMICA FALAZ

by PEDRO ZABALA

 
UNA POLÉMICA FALAZ

Pedro Zabala


El proyecto de una Constitución para la Unión Europea ha levantado en diversos estamentos políticos, intelectuales y mediáticos agrios debates en los que se plantean, amén de encontradas posturas ideológicas, intereses sectarios y recelos nacionalistas ante la construcción política de este nuevo poder supraestatal.

No podemos olvidar cómo surgió la Europa comunitaria. Frescos los horrores de la segunda mundial dos estadistas, con una visión de futuro que no suelen alcanzar las mediocridades que hoy sufrimos, De Gaulle y Adenauer se plantearon superar la vieja rivalidad entre Francia y Alemania caminando hacia una Europa unida. Fueron políticos democristianos y socialistas los que dieron los primeros pasos.

Empezaron por la economía, buscaron la unidad de mercado por encima de las viejas fronteras nacionales. Inicialmente se prescindió de Gran Bretaña que, refugiada en su insularidad y en su especial vinculación con USA, sigue sin demostrar especial fervor europeísta. (La situación española, sólo parcialmente truncada por la aventura aznarista, es radicalmente distinta: la superación del franquismo y la lucha por la democracia está estrechamente unida con la vocación hacia Europa). La moneda única y el banco central han culminado el proceso económico y hace inevitable la construcción política. La masiva incorporación de nuevos Estados y el confinamiento de la democracia en el marco de los Estados nacionales hace imperiosa la configuración de una nueva superestructura política cuya legitimidad nazca directamente de los ciudadanos europeos.

Los redactores de esa primera Constitución se enfrentan a este reto difícil pero inevitable. Deben compaginar la pervivencia de los Estados nacionales, mermados en su soberanía, con esa naciente soberanía continental que para arraigar ha de configurarse democráticamente desde la base. ¿Cómo articular ese espacio político común para eslavos, germanos y latinos enfrentados a una emigración creciente y masiva?. ¿Sabremos apostar por una mestizaje intercultural capaz de superar la escisión en ghetos incomunicados y hostiles?.

El Preámbulo de la futura Constitución ha de postular una perspectiva amplia, capaz de iluminar posibles soluciones. Desgraciadamente ha suscitado una polémica, a mi juicio falaz, que ensombrece lo que debiera ser claridad meridiana. ¿Debe incorporar una apelación a la religión cristiana como matriz de la unidad europea?. Dos posturas radicalmente opuestas se están enfrentando, ignorando, a mi entender, el alcance que la libertad religiosa debe tener en una sociedad plural y secularizada.

La primera que va a prosperar, según parece, se niega a esa alusión explícita. A mi juicio responde a un prejuicio laicista. Al intento, no tan encubierto, de reducir la dimensión religiosa de las personas y de los grupos a la esfera privada. La segunda, procedente de la jerarquía católica, defiende a ultranza su inclusión. Nadie ignora sus pretensiones de influir en los poderes políticos, si es posible, cual poder fáctico singular, a través de acuerdos de derecho internacional. Como se cree la detentadora de la interpretación auténtica de lo que es bueno o malo éticamente, no ha perdido la añoranza de la vieja cristiandad y quisiera poder legitimar o no los acuerdos de la sociedad civil. (¿Por qué tardaron tanto en admitir la libertad religiosa –en el Vaticano II- y por qué prefieren ampararse en un sistema de privilegio concordado y no en un régimen general de libertades para todos?).

Desconocer que los europeos somos herederos del pensamiento helénico, de la tradición judeocristiana y del derecho romano sería puro analfabetismo. Santiago, Roma y Jerusalén son metas a los que se dirigieron peregrinos de todos los confines de nuestro continente. Pero no podemos olvidar que si la religión cristiana fue factor de unidad, lo fue también de división y de brutales guerras e inquisiciones. Para superar estos odios criminales, los europeos tuvieron que emprender lentamente el camino de la secularización.

Europa es también la patria del individuo, de la Ilustración y de los derechos humanos. Pero recordemos que también de lo contrario: del colonialismo explotador, de los genocidios de pueblos supuestamente primitivos, del Holocausto nazi de judíos, gitanos y homosexuales, del Gulah soviético de disidentes religiosos y políticos.

¿Qué debemos llevar a ese Preámbulo de la Constitución?. En mi opinión, la alusión clara a nuestras raíces: la Religión y la Ilustración; nuestros ideales de Derechos Humanos y nuestras desviaciones horrendas; nuestro compromiso de construir una sociedad abierta y libre; y nuestra solidaridad con todos los Pueblos de la Tierra. Sólo así, teniendo claras nuestras raíces, las luminosas y las bestiales, podremos ilusionar sin fanatismos a una ciudadanía continental, desilusionada por un mercado omnipotente y medrosa ante un futuro sombrío.




Escrito desde Jun 2, 2004, 1:40 PM

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