«Señor: Dame una buena digestión y naturalmente alguna cosa que digerir. Dame la salud del cuerpo con el buen humor necesario para mantenerla. Dame un alma sana, Señor, que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro, de manera que frente al pecado no me escandalice, sino que sepa encontrar la forma de ponerle remedio. Dame un alma que no conozca el aburrimiento, los refunfuños, los suspiros y los lamentos y no permitas que me tome demasiado en serio esa cosa tan invasora que se llama "yo". Dame el sentido del humorismo, dame el don de saber reír de un chiste, a fin de que sepa traer un poco de alegría a la vida y hacer partícipes a los otros. Amén». Tomás Moro (1478-1535)

Santo Tomás Moro, ruega por nosotros.

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Dialogos de carmelitos

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Me ha parecido genial. Tomado de http://www.intolerancia.info/texto2.html#sacristia




Coincidió un carmelito (esto es, un fraile carmelita algo bajito) con dos moritas en el vagoncito de un tren (decir trenecito sería ya demasiado).

¿ Sois marroquíes, hermanas?
- Así es, ¿cómo lo ha sabido?
- Lo he deducido por vuestros hábitos y vuestros velos. Yo soy religioso carmelita.
- ¡Ah, lo siento, no lo sabía! - se disculpó Yasmina, la más joven, que había respondido inicialmente con cierta desenvoltura-. Carezco de elementos para dicha deducción.
- Es que el religioso es un hombre como los demás, y por eso viste como los demás.
- Es curioso -comentó Fátima, la de más edad, de temple más sosegado que la otra-. Nunca he creído ser una mujer distinta de las demás. Simplemente soy una mujer musulmana, y por tanto visto como una mujer musulmana.
- Mi caso es distinto. El hombre de Dios no debe provocar rechazo, para poder evangelizar mejor...
- ¿Rechazo? -saltó la impulsiva Yasmina ¡Pues bien orgullosa que me siento yo de lo que soy cuando alguien me rechaza por mi atuendo! ¡Que Alá me perdone si un día me lo quito!
- Haces bien en mencionar a Alá, amiga mía, a quien nosotros llamamos Yahveh, porque...
Fátima le interrumpió:
- Perdone, señor, pero ¿no le llamaban Jesucristo?
- Eh, bueno... sí, claro, Jesucristo. Bueno, Jesús, y...
- ¡Ah, pues yo no creo en Jesús! -resolvió Yasmina-. Con perdón de usted, claro.
- No te disculpes, hermana. Esas diferencias son enriquecedoras. La Iglesia, hoy...
La reflexiva Fátima (“la listilla ésta de los cojones”, como en realidad estaba pensando fray carmelito) volvió a interrumpir:
- Discúlpeme otra vez, señor. Yo no creo en Jesús y usted sí cree en Alá. Para mí es una diferencia enriquecedora, sin duda. Pero usted, ¿qué sale ganando?
- ¡Ah, querida mía, algo tan hermoso como la mutua comprensión de nuestras diversas sensibilidades religiosas!
- ¿Eso es a lo que usted se refería con “extranjerizar mejor”?
La joven no dominaba mucho el idioma, pero ahí estaba Fátima para aclarar las cosas:
- “Evangelizar”, Yasmina, no “extranjerizar”.
- Bueno, pero no me negarás que en Marruecos viene a ser lo mismo, Fátima. Cuando mi primo Mohamed traicionó al Islam y se hizo cristiano...
- ¡Intolerable! -esta vez fue el carmelita quien interrumpió, antes de que se le pasara la oportunidad de quedar bien-. ¡Debió esmerarse en ser un buen musulmán!
- ...perdió la nacionalidad -continuó, indiferente, Yasmina, quien comenzaba a pensar que reconquistar Al Andalus iba a ser más sencillo de lo esperado.
- ¡Intolerable también! -remachó el yahvehsiano-. ¡El Estado no debe entrometerse en la vida religiosa de los ciudadanos!
- Perdone, señor -dijo la mora calmosa-. ¿Cómo la ley va a sancionar una simple infracción de tráfico y dejar impune la blasfemia? ¿Es más importante el orden circulatorio que el nombre de Alá?
- ¡Es que la vida de las personas vale más que sus creencias! - insistió Fray Topicazo.
Las moritas se levantaron, claramente molestas.
- Alá es para mí algo más que una creencia, señor. Tal vez por eso determina mi forma de vestir, y no la suya. Buenas tardes.
-Eso dijo Fátima. La mirada de Yasmina decía mucho más, sobre todo porque era una mora de cuento de la Alhambra, con ojos de azabache, instintos de pantera y daga en el muslamen.
Fray Narciso siguió viaje, seguro de haber dejado una inmejorable imagen de tolerancia cristiana.





Escrito desde Jun 8, 2004, 3:09 AM

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