«Señor: Dame una buena digestión y naturalmente alguna cosa que digerir. Dame la salud del cuerpo con el buen humor necesario para mantenerla. Dame un alma sana, Señor, que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro, de manera que frente al pecado no me escandalice, sino que sepa encontrar la forma de ponerle remedio. Dame un alma que no conozca el aburrimiento, los refunfuños, los suspiros y los lamentos y no permitas que me tome demasiado en serio esa cosa tan invasora que se llama "yo". Dame el sentido del humorismo, dame el don de saber reír de un chiste, a fin de que sepa traer un poco de alegría a la vida y hacer partícipes a los otros. Amén». Tomás Moro (1478-1535)
Santo Tomás Moro, ruega por nosotros.
¿Que opinan de este articulo?
by Barandalla
Tomado del weblog www.lealtad.es.vg
A mi me parece acertado.
Reflexiones en torno a las elecciones.
La participación electoral del Carlismo en las elecciones ha de ser circunstanciada y no ha de presuponer en ningún caso conformidad con el desorden político vigente. Salvando estas dos premisas pensamos que la concurrencia del Carlismo a los comicios europeos hubiese sido necesaria y conveniente, y ello por dos motivos principales:
- A nivel doctrinal: Hubiese sido el momento oportuno de volver a enarbolar la bandera del antieuropeismo hispánico defendido y teorizado por los pensadores carlistas de la segunda mitad del s. XX y hacer de este antieuropeismo banderín de enganche de muchos españoles descontentos con las libertades de perdición que bajo la capa del "europeismo" han sido impuestas en España. De este modo además marcaríamos distancias entre sedicentes carlistas vergonzantes que sitúan al Carlismo "a la derecha" y "no quieren robarle votos al PP". En un segundo término la presencia del Carlismo hubiese sido necesaria para desenmascarar a los falsificadores del Carlismo que concurren bajo la ilegitima e ilegal denominación de "Partido Carlista" cuando en realidad representan la total antitesis de lo que es el Carlismo.
- A nivel estratégico: Las elecciones europeas son el escenario idóneo para el voto de los simpatizantes y afines no militantes. Son además un buen termómetro para medir las posibilidades electorales del Carlismo y la presentación a las mismas supone tramites más simples que la concurrencia a las elecciones generales.
Sin ser una exigencia la presencia en comicios electorales la misma no puede ser una excusa para el inactivismo social y político. Encontramos en los actuales grupos tradicionalistas una tendencia viciosa al academicismo y a la mera conmemoración folclórica de insignes actos cuya memoria debemos perpetuar, pero ante renovar con nuestro compromiso serio y consagrado a la Unidad Católica de las Españas en la Monarquía Federativa. También hay cierta tendencia hacia el estancamiento en posiciones políticas suicidas, centradas exclusivamente en la promoción de los políticos católicos, pero sin fijar las bases de la acción política de esos católicos, que para los carlistas únicamente puede pasar por la reconquista de la Unidad Católica. Esta estrategia resulta suicida pues ha quedado comprobado que limitarse a una política de mínimos, "de católicos en la vida publica" (frase de connotaciones herrerianas, y por ende anticarlistas) nos lleva a situarnos en un espacio que no nos corresponde y al que le abrimos camino para que posteriormente sea ocupado por otras iniciativas tipo Familia y Vida.
Asimismo el Carlismo no puede proceder a enrocarse en un solo aspecto de su ideario -ni siquiera en el más importante, esencial y primario- sino que debe ofrecer una línea global. Es lamentable ver como partidos constitucionalistas (léase Unidad Alavesa, UPN o el recientemente creado en Valencia Coalición Valenciana) se digan defensores de los Fueros y de la personalidad foral de sus Reinos y provincias y sean ellos los que reciban el voto ingenuo de los comprometidos con esa defensa. Otro tanto se podría decir del espectáculo patético que dan los partidos de la ultraderecha con el uso y abuso de la Patria en defensa de ideologías muy alejadas de la Tradición Hispánica.
Desde la independencia de este portal hacemos un llamamiento al debate en torno a este punto y denunciamos la impermeabilización que en entre las organizaciones carlistas se impone en determinadas ocasiones en esta legitima discusión. Si no concurrimos a elecciones que sea para hacer política carlista en las calles, en los campos o en las fabricas y así de paso arrebataremos la exclusividad política del Parlamento para devolver a la sociedad su legitima soberanía. Si no tenemos parlamentarios hagamos efectivo el "gobernar desde fuera" del Carlismo.
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