«Señor: Dame una buena digestión y naturalmente alguna cosa que digerir. Dame la salud del cuerpo con el buen humor necesario para mantenerla. Dame un alma sana, Señor, que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro, de manera que frente al pecado no me escandalice, sino que sepa encontrar la forma de ponerle remedio. Dame un alma que no conozca el aburrimiento, los refunfuños, los suspiros y los lamentos y no permitas que me tome demasiado en serio esa cosa tan invasora que se llama "yo". Dame el sentido del humorismo, dame el don de saber reír de un chiste, a fin de que sepa traer un poco de alegría a la vida y hacer partícipes a los otros. Amén». Tomás Moro (1478-1535)

Santo Tomás Moro, ruega por nosotros.

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La Inquisición española juzgó a 130.000 personas. La mayoría de condenas fueron espiritual

by Viva Trento

 
AGOSTINO BORROMEO Profesor de Historia en la Universidad de Roma La Sapienza y director del Instituto Italiano de Estudios Ibéricos
«La Inquisición española juzgó a 130.000 personas y la mayoría de condenas fueron espirituales»

El Vaticano hace pública hoy una exhaustiva investigación histórica internacional sobre la Inquisición. Lo cuenta el Abc.

Igual que San Pedro supo llorar sus errores, Juan Pablo II pidió solemnemente perdón a Dios, el 13 de marzo de 2000, «por los métodos de intolerancia que se alejan del mandamiento del amor, desfigurando así el rostro de la Iglesia, tu Esposa», y prometió «!nunca más!, el recurso a la violencia». Era el primer «mea culpa» por las Cruzadas y los 600 años de Inquisición, un fenómeno que el Papa pidió explorar científicamente en todos sus aspectos pues «las personas y las sociedades sólo se conocen bien a sí mismas cuando saben integrar su propio pasado». Como preparación del Año Jubilar -que incluiría la primera petición pública de perdón en la historia de la Iglesia-, el Vaticano convocó en 1997 un congreso internacional sobre el antijudaísmo y, en 1998, un simposio internacional sobre la Inquisición, bajo la coordinación científica de Agostino Borromeo. El profesor de la Universidad de Roma La Sapienza y director del Instituto Italiano de Estudios Ibéricos presentará hoy el volumen de 800 páginas que recoge las conclusiones de 60 historiadores y expertos de todo el mundo, a las que seguirá un comentario final del Papa.

-¿Qué novedades aporta al gran público este trabajo?

-En primer lugar, rompe el tópico de que los acusados terminaban casi siempre en la hoguera. Este procedimiento penal contra herejes comienza en 1231 y termina con la abolición de la última Inquisición, la de Roma, en 1870, después de haber tenido características distintas según los países y épocas. La Inquisición española -muy activa y que no fue abolida hasta 1834- juzgó en toda su historia a unas 130.000 personas, de las cuales fueron condenadas a muerte menos del dos por ciento. Durante mucho tiempo se confundieron juicios con condenas a muerte, y se pensaba en unas 100.000 ejecuciones, una cifra totalmente irreal. Aunque hubo sentencias de prisión y de galeras, la mayor parte de las condenas eran espirituales: peregrinaciones, penitencias, plegarias, etc.

-¿Sucedía lo mismo en otros países?

-Cada caso es único. Por ejemplo: entre 1551 y 1647, el tribunal italiano de Aquileia condenó a muerte sólo al 0,5 por ciento. En cambio, los 13.255 juicios de la Inquisición portuguesa entre 1450 y 1629 se tradujeron en un 5,7 por ciento de condenas a muerte. Bien es verdad que también hubo muchos juicios a personas fallecidas, en cuyo caso se exhumaban los huesos y se quemaban. Pero el total de personas ajusticiadas por los diversos tribunales en toda su historia se sitúa en torno al 2 por ciento.

-¿Y respecto a las torturas?

-Ésta ha sido la segunda sorpresa. Hemos descubierto que se aplicaba a menos del 10 por ciento de los procesados y siempre en condiciones mucho más benignas que en los juicios civiles del momento. La tortura nos choca hoy mucho -por desgracia menos, después de lo visto en Irak-, pero durante mucho tiempo formaba parte de la normalidad procesal. Era «la reina de las pruebas», y a muchos delincuentes se les torturaba antes de interrogarles.

-¿Les pidió el Papa consejo sobre la oportunidad de pedir perdón?

-No, a nosotros nos pidió que, como historiadores, delimitásemos las dimensiones y las características de ese tipo de juicios, así como el contexto histórico. No es lo mismo la Inquisición medieval que la de los siglos XVIII o XIX cuando la gente era mucho más sensible a la injusticia. En la Edad Media, la Inquisición era muy popular porque se veía al hereje como un enemigo, un peligro. Y la pena de muerte era entonces muy normal.

-¿Y cómo ha cambiado la historiografía?

-Desde el siglo XVI, en que empezaron a circular opúsculos protestantes contra la Inquisición española, hasta pasada la mitad del siglo XX, la Inquisición fue un tema polémico. Algunos la utilizaban para atacar a la Iglesia, y otros respondían con apologías que llegaban a extremos ridículos, como decir que no eran tribunales de la Iglesia sino del Estado, lo que es falso. Durante sus primeros mil años, la Iglesia se opuso a la pena de muerte. Después la aceptó durante casi otros mil. Juan Pablo II ha pedido perdón por el antisemitismo y por el recurso a la violencia. Como historiadores, no nos corresponde juzgar sino clarificar.



Escrito desde Jun 15, 2004, 8:52 PM

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