«Señor: Dame una buena digestión y naturalmente alguna cosa que digerir. Dame la salud del cuerpo con el buen humor necesario para mantenerla. Dame un alma sana, Señor, que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro, de manera que frente al pecado no me escandalice, sino que sepa encontrar la forma de ponerle remedio. Dame un alma que no conozca el aburrimiento, los refunfuños, los suspiros y los lamentos y no permitas que me tome demasiado en serio esa cosa tan invasora que se llama "yo". Dame el sentido del humorismo, dame el don de saber reír de un chiste, a fin de que sepa traer un poco de alegría a la vida y hacer partícipes a los otros. Amén». Tomás Moro (1478-1535)

Santo Tomás Moro, ruega por nosotros.

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La doctrina del mal menor y la defensa de la vida humana naciente.

by

 
Estimados foristas:

Como hoy he entregado una copia de este artículo a la Dirección de la Asociación de Estudios Sociales (ADES), les ofrezco también en el foro su texto por si tienen a bien aportar algún comentario, si puede ser, dirigido a la dirección de correo señalada.

Saludos Cordiales


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La doctrina del mal menor en la defensa de la vida humana naciente.


Presentación


En primer lugar, agradecer a la dirección de “ADES”, su invitación para presentar esta ponencia, lo que me permite tener una nueva ocasión de dar cumplimiento al propósito que hace unos meses me hice, de dar una respuesta afirmativa y generosa a la llamada del Santo Padre a defender , servir y promocionar el respeto “a toda vida humana”, especialmente a la que se encuentra más desprotegida, a la Vida Humana naciente.

La segunda cuestión será aclarar la razón del título de esta conferencia. Un tema que para mi vuelve a tornarse de actualidad, pues vienen a repetirse una serie de acontecimientos que hace unos meses me sugirieron la idea de profundizar algo más sobre el tema, y formarme un criterio fundado, sobre el que asentar las decisiones que, como Coordinador de la iniciativa “Una Vida, Una Esperanza”, debía tomar en coherencia a la fidelidad del Magisterio Católico, que los miembros de esta asociación se impusieron desde el primer día que decidieron dedicar sus esfuerzos a defender la vida humana naciente.

El cambio de gobierno surgido de los últimos comicios electorales, ha vuelto a poner en boca de todos, los temas del aborto, los embriones y las campañas para evitar embarazos no deseados, a base de la nefasta píldora del día después o los preservativos. Y en este intercambio de dimes y diretes se apuntan unas formas de denuncia, que no se corresponden a lo que se exige en este arduo combate, contra aquellos que quieren hacer de la muerte del no nacido una circunstancia de oportunidad, dependiente única y exclusivamente del ánimo y la voluntad de su madre.

En las dos últimas legislaturas hemos comprobado en la acción legislativa llevada a cabo por el PP, lo que supone la política del mal menor que muchos católicos han posibilitado con su voto a esta formación política, esto es, un nulo en avance hacia una referencia moral cristiana para la sociedad española. Según declaraciones del expresidente Aznar al diario ABC, a principios de año, el aborto no supunía un tema prioritario para el gobierno, puesto que no existía una demanda social que reclamara ese tipo de reformas.

En la dirección del PP no se aplican criterios morales, sólo criterios políticos, es decir, el referente válido para ofertar políticas de gobierno, sólo obedece a aquello que pueda rentabilizarse en votos. Parece ser que las más de 300.000 firmas aportadas por la asociación Hay.Alternativas, para la revisión de la ley de fecundación asistida, tampoco era considerada como una expresión de la demanda social sobre la consternación que generó la producción y congelación de al menos más de 80.000 embriones, que oficialmente se ha reconocido hace pocos meses. Parece que tampoco le importó al Sr. Aznar la demanda social, cuando decidió apoyar la invasión de EEUU en Irak, incluso con la oposición manifiesta del Santo Padre a esta intervención militar.

Así pues, hemos asistido durante esta última década, a contemplar una política de gobierno que no sólo ha mantenido una legislación contraria a la defensa de la vida, sino que ha favorecido directamente – aprobación de la píldora del “día después” y reforma de fecundación asistida – e indirectamente – permisividad en las prácticas asesinas de los centros abortivos -, la ampliación del mal en relación a amparar el derecho fundamental a la vida del nasciturus, reconocido en la Constitución Española, como defendió la sentencia del Tibunal Constitucional – 11/04/85 -, en su fundamento jurídico nº 7: “…(la) protección que la CE dispensa al nasciturus implica para el Estado, con carácter general, dos obligaciones: la de abstenerse de interrumpir o de obstaculizar el proceso natural de la gestación y la de establecer un sistema legal para la defensa de la vida que suponga una protección efectiva de la misma…”. ¿Ha hecho algo el PP para cumplir este precepto constitucional? . Evidentemente, todo lo contrario, y con el beneplácito del voto católico.

Y finalmente, subrayar la finalidad de esta intervención, que no es otra que la de compartir con ustedes, una serie de inquietudes y textos que considero de especial interés, bien por la actualidad que ha tomado la defensa de la vida humana naciente en estos últimos meses, bien por la necesidad que, según mi parecer, dado lo avanzado del mal en la materia que nos ocupa, y las consecuencias negativas que conlleva a la misma convivencia y progreso social - recordemos las palabras del Papa en su primera visita a España, “…Por ello, quien negara la defensa de la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida, aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad.”-, a los católicos, se nos exige formarnos una recta conciencia que nos permita tener criterios nítidos, para actuar coherentemente y evitar, en la medida de nuestras posibilidades, que el mal se vaya extendiendo o pueda llegar a corrompernos, lo cual nos llevaría a hacernos protagonistas de aquellas palabras que Juan Pablo II dirigió a las comunidades cristianas en la Evangelium Vitae (95):

“Muy a menudo los creyentes, incluso quienes participan activamente en la vida eclesial, caen en una especie de separación entre la fe cristiana y sus exigencias éticas con respecto a la vida, llegando al subjetivismo moral y a ciertos comportamientos inaceptables.”



LA DOCTRINA DEL MAL MENOR – FUNDAMENTOS MORALES SOBRE LA COOPERACIÓN AL MAL

Encontramos en el punto 73 de la encíclica Evangelium vitae, un texto muy comentado por los moralistas, a la hora de dedterminar la licitud de ciertas estratégias políticas, para frenar el avance de legislaciones permisivas en materia de defensa de la vida.

“Un problema concreto de conciencia podría darse en los casos en que un voto parlamentario resultase determinante para favorecer una ley más restrictiva, es decir, dirigida a restringir el número de abortos autorizados, como alternativa a otra ley más permisiva ya en vigor o en fase de votación....En el caso expuesto, cuando no sea posible evitar o abrogar completamente una ley abortista, un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, puede lícitamente ofrecer su apoyoa propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública. En efecto, obrando de este modo no se presta una colaboración ilícita a una ley injusta; antes bien se realiza un intento legítimo y obligado de limitar sus aspectos inicuos”.

Quedan aquí resumidas las condiciones a las que podemos acogernos para aplicar la doctrina del “mal menor” en nuestros actos, para considerarlos lícitos aún cuando con ellos se esté formalmente apoyando una situación de injusticia.

1º Que se trate de una elección, esto es, que se trate de una situación impuesta, y por nuestra resposabilidad, debemos emitir un voto sobre una de las opciones posibles.

2º Que se exprese de forma clara y notoria, nuestra personal oposición a aquellas fórmulas que no se ajustan a la moral católica.

3º Que no existe la posibilidad de alcanzar un bien, y que, lo que desea conseguirse con nuestro voto favorable a un mal menor, es, evitar directamente, la aplicación de un mal mayor.

Asentado este criterio, conviene tener presente, como más adelante se enseña en el texto de la encíclica, que no por haber favorecido ese mal menor, queda legitimada la cooperación a la ejecución de la ley injusta que se ha favorecido con nuestro voto. Antes al contrario, el rechazar esa cooperación, no sólo es un deber moral, sino que también este ejercicio de resistencia a la cooperación, supone un derecho fundamental – y un deber -, que la propia autoridad debe reconocer al ciudadano.

Subrayar finalmente de este texto, la obligación moral que se impone en este particular caso - todas las opciones favorecen un mal -, de votar aquella opción, que limite la gravedad de la injusticia que quiere introducirse.

Más adelante, la encíclica, en el punto 74, tras señalar las dificultades que moralmente puede encontrar el católico en el ejercicio de su responsabilidad política o profesional, se indica la necesidad de tener en cuenta los principios generales sobre la cooperación en acciones moralmente malas, evitando caer en el error de pretender alcanzar un fin bueno utilizando unos medios ilícitos, como nos enseña el CIC (1756).

¿Cuáles son esos principios generales de la moral, que nos marcan los límites de nuestra cooperación al mal?

Según la doctrina expuesta por el P. Antonio Royo Marín en su “Moral fundamental para seglares” podemos señalar

1º La cooperación formal al pecado ajeno no es lícita jamás.

- asistir a un “medico” en la práctica de un aborto.

2º La coperación material inmediata a una acción intrínsecamente mala no puede prestarse jamás, bajo ningún pretexto.

- descongelar embriones que serán utilizados para investigación.

3º La cooperación puramente material al pecado ajeno puede ser lícita en las siguientes condiciones:

a) si la acción con la que se coopera es de suyo buena o indiferente.

Ofrecer un medicamento con efectos abortivos para tratar enfermedades asociadas.

b) Si se tiene recta intención.

Solicitar un diagnóstico prenatal sin la pretensión de realizar un aborto a causa de un informe desfavorable a la buena salud del hijo.

c) Si hay causa justa y proporcionada a la gravedad del pecado ajeno y a la proximidad del consurso que se presta.

Cooperar a la realización de la fecundación asistida para procurar descendencia a un Rey al que se le ha diagnosticado una esterilidad definitiva.


LA INICIATIVA LEGISLATIVA DEL GOBERNANTE

A PROPÓSITO DE LA DESCONGELACIÓN DE EMBRIONES Y LAS CAMPAÑAS INSTITUCIONALES DE LIMITACIÓN DE EMBARAZOS NO DESEADOS




Con razón de esta circunstancia particular mencionada en la encíclica, se ha originado el debate moral en torno a la conveniencia de actuar contra leyes injustas, a través de actuaciones progresivas que posibiliten un total erradicación a largo plazo .

En esta línea podríamos incluir las declaraciones del profesor de Teología Moral de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, D. Ángel Rodríguez Luño, expuestas en un artículo publicado en “L´Osservatore Romano” de 6 de septiembre de 2002, en las que ofrece un conjunto de criterios para mantener viva y realmente efectiva la tensión no sólo para no acostumbrarse al mal, sino para ir eliminándolo en la medida que va siendo posible hacerlo, con la idea de eliminarlo por completo. Pues no siempre se consigue eliminarlo todo de una vez, y cabe ir dando pasos progresivos, siempre que ello pueda hacerse sin convertirnos en los verdaderos responsables de leyes o acciones gravemente injustas.

Un ejemplo actual de esta hipótesis de trabajo son las recientes reformas de las leyes de fecundación asistida aprovadas en los parlamentos español e italiano. En estos casos debemos notar que no se cumplen las circunstancias señaladas por Rodríguez Luño, pues los promotores, los verdaderos responsables de ambas iniciativas, son ministros de formaciones políticas promovidas mayoritariamente con el voto católico y que ostentan una amplia mayoría parlamentaria, que puede garantizar la derogación de leyes injustas.

Ante estas iniciativas legislativas, sería conveniente que nuestros pastores recordasen, a tiempo y a destiempo, la doctrina de Pío XII, recogida en la última edición del CIC, “Se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de costumbres..Lo mismo ha de decirse...de los que, manipulando la opinión pública desvían los valores morales” ( discurso 1/6/41, Recogido en CIC 2286).

En la propuesta italiana, puede reconocerse una acción restrictiva a una ley injusta, pero la reforma no puede considerarse una “ley católica”, como muy acertadamente advirtió, el pasado mes de diciembre, Monseñor Elio Sgreccia, Vicepresidente de la Academia Pontificia para la Vida.

En el caso español, ni tan siquiera aporta en el balance, la consecución de un mal menor, sino lo que realmente promociona es la aplicación de un mal mayor : mantener la posibilidad de que se generen nuevos bancos de embriones congelados, posibilidad de realizar la descongelación indiscriminada de los embriones “supernumerarios” y su posterior utilización con fines de investigación, sean viables o no y el peligroso reconocimiento de la aceptación de los progenitores como dueños de esos embriones, capacitándoles a decidir sobre el futuro de estas vidas humanas inocentes e indefensas, sin la intención de ofrecerles la garantía, de mantener el bien preciado de la vida.


Son las consecuencias del llamado malminorismo político, que consiste en proponer males menores para evitar que triunfen males mayores. Con ello no sólo se opone el legislador al mandato moral de “practicar el bien y evitar el mal” (CIC 1777), sino que alimenta esa actitud mediocre y pasiva, que nos lleva a actuar a remolque de los males que los enemigos de la Iglesia promueven en la sociedad con sus iniciativas, a través de las cuales, terminan por convertir en ordinario las situaciones excepcionales que presentan.

Un ejemplo trágico, podemos contemplarlo en la actual ley española despenalizadora del aborto, en la que el fraude ha sido institucionalizado y es el causante directo de más del 95% de los abortos voluntarios amparados por tan inicua “ley”. Los datos del último año ofrecen la friolera de 78.000 abortos “legales”. Cifra, que continua marcando la progresión de abortos en España desde la llegada al poder del Partido Popular, cuyos dirigentes no han tenido el más mínimo rubor, de recibir a Juan Pablo II, en su último viaje a España, como fieles devotos de la Iglesia de Jesucristo.

Al respecto de la propuesta de reforma por parte del ejecutivo español se recogieron, publicadas por la agencia Zenit el pasado mes de agosto, unas declaraciones del Dr. Ramón Lucas Lucas, miembro de la Academia Pontificia para la Vida, y la Dra. Mónica López Barahona, vocal de la Comisión Nacional de Ética de España, en las que se realizaba una valoración de la decisión del Gobierno español de permitir con la reforma,, la posibilidad de proceder a la descongelación de los embriones almacenados y procurando de esta forma, (según frase comentada y controvertida de la nota de la ejecutiva de la CEE valorando esa reforma), su “muerte natural” - “dejarlos morir en paz”.

Según estas declaraciones, la decisión del gobierno debía contemplarse desde la perspectiva de presentar una “solución práctica” a un problema grave, generado por una ley, además de ilícita moralmente, defectuosa, por cuanto su aplicación ha planteado, a largo plazo, situaciones de indefinición jurídica, que bloquean una salida “legal” a la actual situación de LOS miles de embriones crioconservados en las clínicas FIVET, amén de los problemas éticos y sanitarios asociados.

Señalan, en esta entrevista, que la intención del gobierno debía tenerse como una acción digna de ser alabada, pues la intervención promovida desde el Ministerio de Sanidad, “dada la actual situación nacional, sea quizás la única manera concreta práctica de hacerlo”. Es la aplicación de la doctrina del mal menor para situaciones en las que cualquier solución comporta riesgos negativos, electoralmente, claro está.

¿Existe esa seguridad, de que no hay otra solución que pueda comportar un bien posible?.

No se trata de una situación en la se debe elegir, se trata de una acción en la que se propone una solución a un mal que desea erradicarse.


¿Debe ser esa “actual situación nacional” la que debe marcar al político católico, las posibilidades de proponer unas estratégias políticas que defiendan la vida y la dignidad de las personas?

¿Es esta “actual situación nacional” la que legitima a los gobernantes para promocionar los métodos anticonceptivos? ¿Realmente es la solución menos mala facilitar la utilización de presenvativos, de la píldora del día después, de los dispositivos intrauterinos o de la propia esterilización, para evitar los embarazos no deseados?

El político católico, y el ciudadano que le valida con su voto, no deben olvidar que ante males morales, de menor o mayor gravedad, no es lícito proponer ninguno, la alternativa no existe, y que su obligación como miembros de la comunidad social, consiste en promocionar el “bien común”, entendiendo éste, como aquello que posibilita la consecución de la perfección de la persona; lo que implica el reconocimiento al respeto hacia su dignidad, la exigencia de bienestar social, y la garantia de la seguridad, tanto de la sociedad como de sus miembros. (CIC 1906-1909, citando la Gaudium et Spes 26, del C.Vaticano II).

Para algunos puede resultar evidente que en el balance de este tipo de estratégias, los gobiernos puedan justificar su legitimidad en los resultados obtenidos cuantitativamente hablando, pero el daño moral ocasionado a la misma sociedad y sobre todo al orden natural y divino de la propia persona, tanto de los que participan en estas acciones, como de quienes sufren sus consecuencias. Por ello, aquellos resultados no pueden compensar en manera alguna, las desastrosas consecuencias morales que tales iniciativas propician.

Para las conciencias dubitativas es necesario recordar las últimas directrices dadas por la Congragación para la Doctrina de la Fe, en el año 2002, sobre cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida pública:

(4) “...añadir que la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral.....Ni tampoco el católico puede delegar en otros el compromiso cristiano que proviene del evangelio de Jesucristo, para que la verdad sobre el hombre y el mundo pueda ser anunciada y realizada.

Cuando la acción política tiene que ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad. Ante estas exigencias éticas fundamentales e irrenunciables, en efecto, los creyentes deben saber que está en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de la persona.”


II - LA INICIATIVA CIUDADANA – EL COMPROMISO CATÓLICO

LA EXIGENCIA DEL CUMPLIMIENTO DE LEYES INJUSTAS

Otra consecuencia práctica, en línea con esas estratégias expuestas en el artículo de Rodríguez Luño, encaminada a la actuación progresiva hasta la completa erradicación del mal, representadas por las iniciativas surgidas, principalmente a través de plataformas de internet – Hazte.Oir / Hay.Alaternativas / E-Cristians - desde la propia ciudadanía para la denuncia de la manipulación de embriones y el fraude de la ley del aborto.

En Cataluña, el ejemplo lo tenemos en el “Pacto por la vida y la dignidad de la persona”, promovido desde la dirección de E-cristians y respaldado por más de 80 asociaciónes cívicas y religiosas, y que precisamente hoy tenían convocada una manifestación para hacer llegar las firmas que respaldaban el “Pacto” a los dirigentes de la Generalidad, que hasta la fecha, han hecho oidos sordos, tanto los del “tripartito” actual, como los del anterior gobierno de Pujol, quienes por cierto, aprobaron una ley de familias – en plena campaña del “Pacto”-, muy contraria a las reivindicaciones que se realizaban desde esta plataforma ciudadana . Otro ejemplo, lo tuvimos en la convocatoria, organizada por movimientos pro-vida y Hazte.Oir, de una manifestación ante una de las clínicas más emblemáticas de Madrid, la Dator, y en estos días, la que circula por la red, a través del correo electrónico, el “Manifiesto contra una Ley de Aborto”, una aplicación del “Pacto” al tema del aborto, promovido por entidades afines a Hazte.Oir, con el beneplácito y la colaboración de la Federación Española de Asociaciones Pro-vida.

Una característica común de estas propuestas es su expresa declaración pública de iniciativas aconfesionales, con la premisa de ofrecer una opción de denuncia en común, que posibilite la colaboración de otras confesiones, y permita con ello una acción conjunta y efectiva que garantice la consecución de los fines que se proponen.

Otra característica afín, es la atestiguada militancia católica de sus promotores.

Así, el objetivo estratégico para el tema de los embriones era la paralización de las técnicas que generaban un exceso de producción, con la consiguiente congelación, y para el del aborto, la reducción del 97,7 % que se ampara fraudulentamente en el supuesto de “riesgo para la salud psíquica de la madre”, y para ello se pide y se exige a las autoridades sanitarias, en cumplimiento de sus deberes constitucionales, “el cumplimiento efectivo de la ley”.

No se repara en los efectos negativos que conllevan los artículos reformados en la ley de fecundación o en el 2,3% de abortos que continuarían quedando a merced de la voluntad egoísta de la madre, y por ello se deberá esperar a momentos políticos más sensibles con la defensa de la vida para tener la opción de ver defendido este derecho fundamental.

¿Debemos considerar que es ésta, la estrategía oficial que debe adoptar el católico para combatir el mal?

Se oyen voces: Hay que unir voluntades. La unión hace la fuerza. El éxito de la acción es ofrecer un frente fortalecido por el esfuerzo de todos. La división, es el mayor mal que puede acompañarnos en el combate.

Pero este objetivo ¿ a cualquier precio? 2000 abortos anuales / 200 mensuales

Hoy se consterna la opinión pública por las 200 víctimas de los atentados del 11 de marzo, y parece que esa misma cifra debe ser asumida desde “el cumplimiento de los deberes constitucionales” del gobierno reinante.

Debemos examinar si ésta es la respuesta que nos pide el Santo Padre en su reiterada llamada a la defensa y promoción de la vida humana naciente

“...debemos preguntarnos, con gran lucidez y valentía, que cultura de la vida se difunde hoy entre los cristianos, las familias, los grupos y comunidades de nuestras Diócesis. Con la misma claridad y decisión debemos determinar qué pasos hemos de dar para servir a la vida según la plenitud de su verdad”. EV (95)


El texto que nos ofrece el Padre Juan Claudio Sanahuja, en su reciente trabajo, “El desarrollo sustentable. La nueva ética internacional”, es mucho más explícito en la apreciación del peligro señalado por Juan Pablo II:

“…No sería lógico que los cristianos adoptemos una actitud miedosa, apocada o fatalista. Debemos empeñarnos en reconstruir la sociedad cristianamente, aunque muchos hayan caído en la trampa de aceptar como algo inevitable e insuperable la situación expuesta, como una realidad ante la que hay que ceder para convivir en una sociedad pluralista, lo que es signo de conformismo o, quizás, cobardía, cuando no de ambigüedad y hasta de oportunismo. No debemos olvidar que los cristianos estamos en el mundo no para huir de él, sino para tratar de cambiarlo, confiados en el poder transformador de la gracia de Dios, (I Cor 5, 10), dar testimonio de la verdad (Jn. 17, 18), y del amor ( I Jn. 4, 17) aunque suframos su hostilidad ( Jn. 15, 18), que puede llegar hasta la persecución (Gal 6, 12).

Sólo así, con ese profundo examen, podremos evitar el peligro que advierte el santo Padre en cuanto a la colaboración que pueda realizarse ante legislaciones injustas;

“En otros casos, puede suceder que el cumplimiento de algunas acciones en sí mismas indierentes, o incluso positivas, previstas en el articulado de legislaciones globalmente injustas, permita la salvaguarda de vidas humanas amenazadas. Por otra parte, sin embargo, se puede temer justamente que la disponibilidad a cumplir tales acciones no sólo conlleve escándalo y favorezca el debilitamiento de la necesaria oposición a los atentados contra la vida, sino que lleve insensiblemente a ir cediendo cada vez más a una lógica permisiva.”

Este es nuestro justo temor, que debilitemos con estas propuestas la consolidación de opciones opuestas radicalmente a la ley injusta y en justa coherencia con las exigencias de nuestra fe y de esa llamada hecha por Juan Pablo II, en nombre de Dios

Nuevamente, recordar las acertadas reflexiones del P. Sanahuja, para que no se nos pase por alto el rumbo que debemos tomar en nuestro peregrinar en esta defensa de la vida humana naciente, válidas igualmente para aplicarlas en cualquier otro campo de acción, en el que queramos trabajar por Cristo y su Reinado Social:

“…Se inicia así un tiempo de desafíos y contradicciones, que es también un tiempo de esperanza, porque es hora de claridad de convicciones, de rectitud y de definiciones en la conducta personal de cada uno de nosotros. La esperanza en Cristo, no consiste en la ilusión facilista de “que todo irá bien” o de que obtendremos un triunfo sin dolorosas renuncias de nuestra parte.

La esperanza cristiana no deroga sino que refuerza la participación en la Cruz del Salvador. El éxito de nuestra misión, al igual que el éxito de la misión de Cristo y de quienes creyeron en Él, no es el fruto de un gran arte retórico, o de estrategias y acciones audaces, aunque éstas últimas son imprescindibles.

La esperanza cristiana lleva a dar la batalla sabiendo que Dios dará la victoria cuando y cómo quiera. Todos los días - lo hemos experimentado muchas veces-, Cristo da el fruto desproporcionado – el ciento por uno-, a nuestras pobres acciones; parecería que sólo pide perseverancia en el empeño sin desaliento, sin cálculos, despojada de nuestras egoístas previsiones.”


Y continua alentándonos con las palabras de Pio XII a la Iglesia perseguida, en su Constitución Apostólica Dum Maerenti animo - (29-6-56)-, con las que pone punto final al libro citado

“Sabéis de que se trata: se trata de vuestra salvación eterna, de la de vuestros hijos, de la de vuestro prójimo, expuesta hoy al gravísimo peligro por los asaltos del ateísmo y de la impiedad….Pero si en este combate espiritual todos, como firmamente confiamos, se portan con ánimo y fidelidad no habrá vencidos, sino sólo víctimas gloriosas…No queremos ni pensar que los discípulos de Jesucristo, desanimados abandonen el campo y, absteniéndose de profesar abiertamente la fe, inertes e indolentes, se duerman, mientras los fautores de la impiedad se esfuerzan en devastar el Reino de Dios.

Mas, por desgracia, sabemos también que la fragilidad y la debilidad humana vacilan, especialmente cuando las pruebas y los vejámenes duran tanto. De hecho entonces, sucede que algunos caen en el desaliento y pierden el fervor, y, lo que es peor, sacan la conclusión de que es necesario mitigar la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, y así hablan de adaptarla a los tiempos nuevos y a las nuevas circunstancias, debilitando y cambiando los principios de la Religión Católica, hasta llegar a un híbrido madridaje de ésta con los errores de un falso progreso….A estos desalentados y sembradores del desaliento, los sagrados Pastores tiene el deber de recordarles la solemne afirmación del Divino Redentor: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”


Para finalizar me permitiré hacer una pequeña reflexión sobre las consecuencias imprevisibles que pueden posibilitarse al abrir la puerta del mal menor

Contemplemos el caso de la Flagelación del Señor. La decisión de Poncio Pilatos para calmar los deseos del Sanedrín y su cortejo de hienas, sólo facilitó el suplicio cruel de la barbaridad de ese castigo. Sabemos como acabaron las consecuencias de este “mal menor”; la sed de sangre de los inicuos perseguidores de Cristo, nos ofrecieron el primer ejemplo trágico del error de la doctrina de la Revolución Francesa, “El sufragio popular”: la muerte en cruz de nuestro Dios y Señor.

Las escenas de obra cinematográfica “La Pasión de Cristo”, del director Mel Gibson, recientemente estrenada en todo el mundo, nos ayuda a esa composición de lugar que nos permite darnos cuenta como el maligno siempre pide más. Baste recordar como sus verdugos responden a la primera serie de latigazos, cuando ven levantarse a Nuestro Señor después del castigo recibido: una nueva serie de latigazos con instrumentos más crueles. Y cuando parece que el suplicio ha llegado a su fin, con los verdugos extenuados por su esfuerzo en castigar al Señor, el jefe de estos esbirros, poseído por el espíritu del demonio, exige el último acto de esta escena, para no dejar una sola parte del cuerpo de Cristo en llaga viva.

Animémonos a alzar la voz con el Santo Padre y avivemos en nuestros corazones y en los de tantos buenos cristianos ese deseo que nos transmite en el Santo Nombre de Dios, la encíclica Evangelium vitae:

¡respeta, defiende, ama y sirve a toda vida humana! EV (5)


Fernando García Pallán
garciapallan@terra.es






Escrito desde Jun 15, 2004, 10:59 PM

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