«Señor: Dame una buena digestión y naturalmente alguna cosa que digerir. Dame la salud del cuerpo con el buen humor necesario para mantenerla. Dame un alma sana, Señor, que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro, de manera que frente al pecado no me escandalice, sino que sepa encontrar la forma de ponerle remedio. Dame un alma que no conozca el aburrimiento, los refunfuños, los suspiros y los lamentos y no permitas que me tome demasiado en serio esa cosa tan invasora que se llama "yo". Dame el sentido del humorismo, dame el don de saber reír de un chiste, a fin de que sepa traer un poco de alegría a la vida y hacer partícipes a los otros. Amén». Tomás Moro (1478-1535)
Santo Tomás Moro, ruega por nosotros.
Viva el Jamón -nunca por gula sino por afirmación religiosa ;-)
by Anonymous
La "tormenta del cerdo" sacude Israel
El Tribunal Supremo autoriza la venta de carne de puerco y los judíos ortodoxos dicen que eso «abre las puertas a la guerra civil»
La tormenta del cerdo. Así titulaba ayer el principal matutino israelí, Yediot Aharonot, para resumir la controversia desatada en el país por la decisión del Tribunal Supremo emitida el lunes que suspende la prohibición de vender productos derivados del marrano en las localidades de Beit Shemesh, Tiberias y Karmiel.Lo cuenta Javier Espinosa en El Mundo.
La disputa jurídica había comenzado en 2001 cuando Olga Palay, la propietaria de un comercio de la primera población, decidió acudir a los tribunales ante la pretensión de las autoridades municipales de obligarla a trasladar su tienda -donde se puede adquirir carne de cerdo- a la periferia. Sin embargo, el asunto encierra un especial simbolismo por cuanto refleja la profunda división ideológica entre los judíos ortodoxos y los seculares.
En 2001, cuando la batalla legal acababa de despuntar, el semanario The Jerusalem Report ya advertía que el caso era algo más que «un simple rifirrafe sobre dónde vender salchichas. Es una lucha por el carácter del país».
La pugna en torno a la venta de cerdo -un animal impuro para el judaísmo, cuya crianza es ilegal en la mayor parte de Israel- se remonta casi a los inicios del Estado y ha suscitado siempre un acalorado debate. En 1985, el dirigente radical Meir Kahane lanzó un ataque incendiario en el Parlamento contra los judíos seculares precisamente por su «debilidad» ante la carne de marrano.Kahane recordó que en la época de los macabeos el primer judío que fue asesinado «fue uno que intentó comer cerdo» y además amenazó con «terror y tragedia» para este sector. «Si no hay Torah [escrituras sagradas del judaísmo] no habrá paz. Los cerdos tomarán el control del país y los cerdos mandarán en la tierra», afirmó.
En Beit Shemesh, al sureste de Tel Aviv, la población se encuentra dividida entre los ortodoxos y los de origen ruso, como Palay.«Los inmigrantes rusos pensaban que habían dejado atrás un país totalitario para vivir en una sociedad abierta y capitalista.Este es un principio básico: el derecho a vender lo que queramos en donde queramos», declaró Palay a The Jerusalem Report.
Comercialización
La opinión del abogado de la municipalidad, Mordechai Berkovitz, es diametralmente opuesta. «La gente religiosa no debería estar expuesta [a la visión] del cerdo cuando van por su barrio de camino al médico», afirmó. La decisión del tribunal, que quedó plasmada en un documento de 26 páginas, matiza la legislación establecida en 1956 que habilita a los municipios para decidir sobre el asunto.
La resolución advierte que se debe permitir la comercialización de estos productos en las poblaciones donde la mayoría lo demande, y donde sean minoría los devotos del jamón deberán disponer de un medio de transporte para acceder a otros barrios donde sí puedan comprar dichos artículos.
«En un barrio religioso, no [se podrá vender cerdo]; en uno secular, sí», resumió el ministro del Interior de Israel, Abraham Poraz.El titular de Justicia, Tommy Lapid -cuyo partido, el Shinui, fue uno de los impulsores de la petición formulada ante el tribunal- explicó que no intentan «que la gente coma cerdo. Luchamos por el derecho de la gente a comer lo que le dé la gana».
La reacción de los partidos y movimientos ortodoxos no ha podido ser más furibunda. La organización Tzohar aseguró en un comunicado que la sentencia «abre las puertas a la guerra civil», mientras que el principal líder del partido Shas, el legislador Eli Yeshai, afirmaba que era «un clavo central en el ataúd de la identidad judía en el Estado de Israel». Otros, como el también parlamentario ortodoxo Meir Porush, prefirieron invocar la reprobación celestial al declarar que «los sabios han determinado que aquel que críe cerdos en Israel está maldito».
En el mismo tono apocalíptico, el legislador del Partido Nacional Religioso, Gila Finkleshtein, equiparó lo sucedido con «la destrucción del Templo. El Supremo está destruyendo todos los símbolos judíos».
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